Mundo Militaria
Historia => Segunda Guerra Mundial => Mensaje iniciado por: Guille_90 en Diciembre 31, 2011, 07:44:05 am
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Pequeño "artículo" que escribí el año pasado; lo encontré por el ordenador.
(http://img39.imageshack.us/img39/4295/conferenciamunich.jpg) (http://imageshack.us/photo/my-images/39/conferenciamunich.jpg/)
(De izquierda a derecha: Mussolini, Hitler, Daladier y Chamberlain durante la Conferencia de Munich)
La Conferencia de Múnich tuvo lugar durante la noche del 30 de septiembre de 1938. En ella los jefes de gobierno de Reino Unido, Francia, la Italia fascista y el Tercer Reich alemán, firmaron unos acuerdos con el objeto de “solucionar la crisis de los Sudetes”. Toda Europa quería solucionar esa crisis, pero…¿a cualquier precio? Los Acuerdos de Múnich se tradujeron en más concesiones al nazi-fascismo. Fueron una parte más de la política de apaciguamiento del nazi-fascismo por parte de las democracias occidentales previa al estallido de la Segunda Guerra Mundial.
La revisión histórica reciente de dicho acuerdo por parte del gobierno democrático alemán considera dichos acuerdos como “nichtig ex tunc”, es decir, “no válidos desde el principio”, porque los Estados firmantes actuaron en perjuicio de un tercer Estado al que no se le consultó: Checoslovaquia.
Por la insistencia y presión del dictador italiano Benito Mussolini, y a iniciativa de Hermann Göring, con una potestad de origen dudoso, el primer ministro británico Chamberlain y su homólogo francés Daladier aprobaron la incorporación de los Sudetes (pertenecientes a Checoslovaquia) al Reich alemán, debido a que en dicho territorio existía una mayoría de población germana, que, según Hitler, estaban siendo reprimidos por Checoslovaquia. Ningún representante de Checoslovaquia estuvo presente durante las conversaciones previas a la firma ni durante la firma misma de los tratados. El Reino Unido y Francia, supuestos abanderados de la democracia, dieron su brazo a torcer frente a las exigencias agresivo-expansionistas del nazi-fascismo. Mientras tanto la Unión Soviética, que parecía ser el único Estado del mundo consciente en 1938 del peligro que representaba para Europa y el mundo entero la formación de un eje nazi-fascista-nipón, llevaba meses tratando de formar una alianza anti-fascista con Francia y Reino Unido, y sus propuestas fueron obviadas en algunos casos, y contestadas con intentos de alianza anticomunista con Hitler en otros (en 1938, llegaron a manos de Stalin las “conversaciones secretas” entre Chamberlain y Hitler, que fueron secretas durante solo unos días, en las que el primer ministro británico ofrecía su amistad y colaboración al dictador nazi para “derrotar a la amenaza del comunismo”).
En esta etapa de política de apaciguamiento, Inglaterra sostenía que el Tratado de Versalles había sido exagerado e injusto con Alemania, lo cual pareció ser razón suficiente para hacerle en ese momento todas las concesiones que exigiera. La Conferencia de Múnich fue interpretada pues como una revisión del Tratado de Versalles. Se pretendía evitar una nueva guerra en Europa a toda costa, a pesar de poner en peligro la integridad de Checoslovaquia.
La visión de Checoslovaquia:
Los representantes de Checoslovaquia, como hemos mencionado con anterioridad, no tuvieron la oportunidad de estar presentes en la Conferencia, pues por alguna dudosa razón, las potencias europeas firmantes parecían tener el derecho de arbitrar los destinos de los demás pueblos. Además de esto, Francia era aliada de Checoslovaquia, y según un pacto anterior, supuestamente vigente aún en 1938, ambos países debían ayudar militarmente al otro en caso de invasión. Lejos de ayudar a su aliada, Francia colaboró con la potencia invasora dándole su beneplácito para que la invasión no fuera tal, es decir, para que se tomaran los Sudetes con “legalidad” internacional y sin violencia. Por este motivo, los checos llamaron a los acuerdos “la traición de Munich” y se refieren a las decisiones que se tomaron allí como “acerca de nosotros, sin nosotros y contra nosotros”. Los Acuerdos de Múnich se consideraron por los checos desde su firma como una fecha negra en la historia, al percibirse la evidencia de que Reino Unido y Francia cedían fácilmente a las presiones nazis y negaban ayuda a su aliada Checoslovaquia. Este rencor hacia sus traidores se mantuvo durante décadas arraigado en el pueblo checoslovaco, en especial durante su etapa comunista.
Consecuencias de los acuerdos:
Los acuerdos supusieron la ocupación nazi inmediata del territorio de los Sudetes, y su pertenencia al Reich alemán hasta la destrucción del mismo en 1945. Los germanos que vivían en los Sudetes se convirtieron con la ocupación nazi en ciudadanos alemanes de pleno derecho. Los acuerdos de Múnich también supusieron movimientos masivos y forzosos de población, pues los funcionarios checos que trabajaban y vivían en los Sudetes, al igual que muchas familias checas, fueron expulsados de esta región.
El presidente checoslovaco Benes dimitió y se exilió. Como la mayoría de los checos (por no decir la totalidad de ellos), se sentía profundamente traicionado y desilusionado por las potencias occidentales, sus supuestas aliadas. Esta decepción llevó a muchos políticos checos a colaborar tras 1945 preferentemente con la Unión Soviética que con los países firmantes del acuerdo.
Por otro lado, Hitler había dicho que los Sudetes eran su última exigencia anexionista en Europa, pero esto obviamente no era cierto (ya en el Mein Kampf, escrito en la década anterior, explicaba con descaro sus planes expansionistas a ambos lados de Alemania). En marzo de 1939 invadió y anexionó al Reich el resto de Chequia, en tanto que convirtió a Eslovaquia en un Estado títere de Alemania, el protectorado de Bohemia y Moravia. Con esta maniobra, Hitler se apoderó de la totalidad de la antigua Checoslovaquia sin necesidad de recurrir a la guerra. Aprovechando la coyuntura, Hungría se hizo con territorios habitados por húngaros, mientras que Polonia ocupó territorios en Chequia.