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Autor Tema: Un coleccionista convierte búnker en galería privada en el centro de Berlín  (Leído 1326 veces)

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En "Actualidad Terra.es", el 25/04/2008 se escribió:


Un coleccionista convierte búnker en galería privada en el centro de Berlín
Un antiguo búnker antiaéreo construido por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial se convertirá este verano en la mas novedosa atracción turística de Berlín, cuando abra sus puertas al público para mostrar una de las más sobresalientes colecciones privadas de arte contemporáneo de Alemania.



El millonario y coleccionista de arte Christian Boros es el propietario del coloso de hormigón, que sobresale como una torre inexpugnable de 16 metros de altura en el centro histórico de Berlín y que ha convertido sus 3.000 metros cuadrados de superficie en un museo privado, que abrirá al público el próximo mes de junio.

'Fue amor a primera vista', declara Boros hoy en el rotativo 'Berliner Zeitung' para explicar su decisión de comprar y convertir en galería privada el búnker, con tal espesor de paredes que su destrucción fue imposible en la posguerra y que, mientras existió la ya extinta RDA, llegó a ser utilizado como almacén de fruta.

Las 120 habitaciones que contaba la mole inicialmente se han reducido a 80, algunas pequeñas como celdas, otras con una altura de hasta 13 metros, tras cinco años de arduo trabajo para derribar tabiques y abrir boquetes por los que hacer pasar un ascensor.

El edificio, en cuya fachada sólo existen pequeñas troneras, algunas de ellas dañadas por las granadas disparadas durante la batalla de Berlín, fue después de la caída del Muro y hasta 2003 una de las mas conocidas discotecas 'tecno' de la capital alemana.

Ahora reúne, entre otras cosas, mas de 80 gigantescas esculturas e instalaciones como la enorme 'campana muda' de Kris Martin, unos monolitos negros de Santiago Sierra que cortan una pared interior o un colosal móvil de cristal de Olafur Eliasson.

Mas de 500 obras de artistas como Damian Hirst, Elizabeth Peyton, Anselm Reyle o Wolfgang Tillmans acumula Boros en el interior de su búnker inexpugnable, que corona una lujosa vivienda en la que reside junto a su familia.

La residencia de Boros, de 44 años y magnate de la publicidad con clientes como Coca Cola o Toshiba, ocupa 470 metros cuadrados construidos sobre el techo del búnker, donde tiene a su disposición también una terraza de 370 metros cuadrados con jardín y piscina.

Sobre los costes del proyecto prefiere no hablar, aunque revela que derribar tabiques y abrir espacios en el interior del búnker llevó mas de un año a un grupo de obreros especializados, que necesitaron lanzas térmicas y taladros con cabezas de diamante para trabajar.

Hasta 3.000 personas podían cobijarse en su interior cuando sonaban las alarmas de bombardeo aéreo en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, pero ni una sola bomba consiguió perforar el techo o paredes del edificio, el único búnker de esas características que queda en el centro de Berlín y que, por ello, ha sido declarado monumento histórico.

Pese a las reformas realizadas, el interior del coloso de hormigón blindado mantiene su carácter fantasmagórico con varias habitaciones minúsculas, estrechas escaleras y una sensación claustrofóbica por la falta de luz natural.

'Esto quedará así, ya que deseamos mantener el carácter original de la construcción', explica Boros, quien subraya que 'ha sido divertido' transformar un edificio militar en una galería artística con la ayuda de su esposa, Karen Lohmann, experta en arte.

Ambos afirman que la nueva atracción cultural de Berlín 'no es un museo, sino nuestras dependencias privadas', a las que podrán tener acceso limitado y en visitas guiadas los aficionados al arte que lo deseen.

Utilizado como prisión por el Ejército Rojo tras tomar Berlín en mayo de 1945, el búnker se encuentra situado junto al barrio gubernamental, a escasos centenares de metros de la Cancillería Federal o el Reichstag.

Boros considera que la construcción es una 'invitación imperativa a la reflexión' y un 'símbolo del fracaso' del Tercer Reich, que Adolf Hitler aseguraba que duraría mil años





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