¿Restaurar o no restaurar los restos del III Reich?Ciudades bajo el estigma de Hitler
Nuremberg aspira a ser referente en la defensa de los derechos humanos y a enterrar su pasado nazi
Nuremberg convive con un incómodo legado histórico y arquitectónico, controvertido. La ciudad quiere hacer prevalecer su papel en la defensa de los derechos humanos sobre su pasado como sede de los congresos del Partido Nacionalsocialista Alemán. La Unesco podría dar un empujón
En pocos lugares en Alemania se puede apreciar la estética de la ideología nacionalsocialista como en el recinto donde entre 1933 y 1938 se celebraron los congresos del partido nazi, al sur de la ciudad Nuremberg, la que acogió a partir de 1945 los juicios que llevan su nombre. El complejo quedó inacabado debido a la guerra y las edificaciones que sobrevivieron a bombardeos o demoliciones fueron declaradas en 1973 patrimonio nacional como ejemplo típico de la arquitectura colosal del régimen.
A pesar de las reparaciones puntuales de las últimas décadas, algunas construcciones amenazan ruina. En especial degradación se encuentran las tribunas del campo Zeppelín, entonces escenario de mítines y desfiles militares y hoy de conciertos y actos públicos. Como explica Siegfried Zelnhefer, portavoz del ayuntamiento de Nuremberg, los daños afectan a la estructura y las primeras estimaciones sobre los trabajos necesarios apuntan a unos diez años y un coste de 70 millones de euros. Una inversión considerable para la ciudad, cuyo alcalde, el socialdemócrata Ulrich Maly, se emplea a fondo para buscar una colaboración del Gobierno federal y del land de Baviera. "Entendemos que se trata de una herencia nacional", indica Zelnhefer. Una herencia incómoda y controvertida no sólo por su coste económico, sino por su significado. Sanear o no, esta es la cuestión. ¿Es justificable invertir en mantener estos símbolos? Mientras hay quien ve peligros y contradicciones, muchos historiadores destacan su valor como fuentes documentales únicas.
"Con el saneamiento se quiere garantizar permanentemente el status quo de estos espacios, no reconstruir su estado original", insiste el portavoz del ayuntamiento. "Estas construcciones describen las pretensiones de dominación del criminal régimen nazi, que llevaron a una guerra mundial con 55 millones de víctimas, y narran también la locura racista, que condujo al asesinato de seis millones de judíos". Son entendidas, así, para profundizar en el trabajo pedagógico e informativo sobre este capítulo negro de la historia, ya que actualmente "estos espacios más que fascinación provocan conmoción".
A pesar de cerca de mil años de historia, con sus luces y sombras, "desde hace más de medio siglo el nombre de Nuremberg se asocia, más que el de muchas otras ciudades alemanas, con la época del nacionalsocialismo y sus crímenes –reconoce Zelnhefer–. Aunque este pasado no atañe únicamente a Nuremberg, la ciudad entiende que su papel durante la dictadura nazi implica hoy una responsabilidad histórica". Así, tiene especial empeño en hacer una aportación activa al mantenimiento de la paz y de los derechos humanos, a través de la organización de múltiples actividades y el impulso de iniciativas. Como el Centro de Documentación del recinto de congresos, centro de reflexión y estudio inaugurado en el 2001 en un nuevo edificio adyacente al antiguo pabellón de congresos y de un deconstructivimo tan alejado de los cánones nazis que probablemente horrorizaría al Führer.
La más reciente iniciativa, aún en fase muy inicial, está relacionada con otro espacio emblemático de la ciudad: la sala de audiencias 600, sede de los procesos de Nuremberg, que recibe unas 40.000 visitas anuales y que a partir de este otoño contará con un museo conmemorativo. Se trata del proyecto de candidatura para que la sala 600 sea declarada por la Unesco patrimonio de la humanidad por su rol de cuna del derecho penal internacional. "En este sitio se escribió historia –recuerda Zelnhefer–; por primera vez estados con formas de gobierno y legislaciones diversas se sentaron en un juicio ante un enemigo común".
De tener éxito, el proyecto podría dar una vuelta de tuerca a los esfuerzos de Nuremberg por identificarse como ciudad de la paz y de los derechos humanos, a la vez que aliviar algo el peso económico e histórico que acarrea. La candidatura de la sala 600 quiere plantearse, más que por el lugar en sí, por representar una idea de trascendencia universal (como el puente de Mostar, el Independence Hall o Hiroshima), lo que dificulta aún más el ya de por sí difícil proceso de candidatura a este reconocimiento. Como muy pronto lo podría alcanzar en el 2017.
http://www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20100809/53979837594/ciudades-bajo-el-estigma-de-hitler-nuremberg-unesco-hiroshima-alemania-baviera-mostar-fuhrer.html