¡ Qué recuerdos!
Éramos fáciles de contentar, ese tipo de juguete no merecía más atención que lo que era: un juguete económico y duradero que no era imaginado como que forjaría espíritus de futuros belicistas intolerantes (es mejor hoy que tu hijo sea un pandillero de USA que roba y dispara a saco, pero con respeto a la mujer que se tire aleatoriamente y que dispare a todos para no crear agravios comparativos xenófobos)
Su durabilidad daba lugar a que las ejércitos aumentaran en efectivos logrando llenar esos cubos, latas, cajas de los que hablabais y todo en el sobre era utilizable, hasta la carilla de plástico central que constituía una excelente barricada, alambrada, etc.
Eran ejércitos sin fin, donde las alianzas las marcabas tu por el apego que le tuvieras a la figura en cuestión por su atractivo (éste es de este bando pero se ha ido con los otros). Nunca perdí una batalla contra mi mismo aunque bien es cierto que se alargaban tantas horas que muchas quedaron en tablas.
Las únicas bajas reales eran las de aquellos que habiendo salido en alguna ocasión despedidos por efecto de algún proyectil de algún arma que arrojase bolas, flechitas o lo que fuera o un canicazo, hacia algún bajo de mobiliario fueran "capturados" a posteriori por la escoba materna. (algunos fueron salvados in extremis de el recogedor de basura.
¡ Muy gratos recuerdos, si señor!
Saludos