LOS LANCEROS DE SEVILLA.
Francisco Javier Burrero Rodríguez
Entre
octubre de 1810 y junio de 1813 existió en el
ejército español del Rey José I Bonaparte, el
Regimiento de Lanceros de Sevilla. Vestían un llamativo uniforme azul turquí con solapas, cuello, vueltas y ribetes en amarillo ante, correajes blancos y fajín blanco y carmesí. Como prenda de cabeza usaban un colback de color marrón oscuro con la manga de color amarillo ante, borla de hilo de plata y plumero blanco.
Como armas
portaban lanzas de 2,75 metros, que les daba una clara ventaja frente al enemigo a pie,
carabinas y sables. Cuando cargaban, solo la primera fila empuñaba las lanzas, el resto de filas usaba las carabinas y los sables. Este regimiento de caballería ligera estaba compuesto por dos escuadrones,
formados con lo que quedaba de los soldados polacos de la Legión del Vístula y voluntarios españoles.
Su comandante era el coronel sevillano Alejandro María de Aguado y Remírez de Estenoz, por lo que
popularmente fueron conocidos como los ‘Lanceros de Aguado’. Fue creado para luchar contra los guerrilleros que operaban en las provincias de Huelva y Sevilla, e
intervinieron en diversos enfrentamientos en Cartaya, Niebla, Espartinas y Sevilla. Tras la toma de la capital andaluza por parte de los Aliados, el regimiento se repliega hacia el centro de España, donde combate en
Salamanca, Matilla, San Muñoz y en Añover de Tajo.
Su
última acción tuvo lugar el 21 de junio de 1813, durante la batalla de Vitoria. Tras la derrota francesa el regimiento se disolvió, refugiándose su comandante en Francia. Existe poca documentación acerca de este regimiento, pues las
Cortes de Cádiz, ya a mitad de la guerra, ordenó que todo lo que se capturase del Ejército del ‘
rey intruso’ fuese destruido “para que no quedaran recuerdos ni rastro alguno de estos malos españoles”.
