Para los amantes de la GC, un nuevo libro, aunque los entendidos en el tema ya sabrán de su existencia.

Apenas requiere presentación Lorenzo Silva, prolífico escritor madrileño, que ha alcanzado la popularidad con una serie de novelas policiacas protagonizadas por dos guardias civiles, y que cuenta en su haber con multitud de premios literarios, como el Premio Nadal en el año 2000 por “El alquimista impaciente” y, más recientemente, el Premio Algaba en 2010 por “Sereno en el peligro”.
En el prólogo de la obra que nos ocupa, avisa el autor de que no estamos ante una historia de la Guardia Civil, para la que “carece de los pertrechos necesarios”, recomendando para tal efecto la consulta de la magna historia de Aguado Sánchez o la más breve de López del Corral, sino ante “una síntesis divulgativa de los principales acontecimientos que fueron conformando, a lo largo de sus más de 160 años de existencia, el carácter de esta peculiar institución”.
El Real Decreto fundacional de un nuevo cuerpo de seguridad pública a cuyos integrantes se les llamó guardias civiles se firmó en 1844, aunque en realidad su origen se puede remontar a 1820 en el contexto del pronunciamiento de Riego, cuando el ministro de la guerra, preocupado por “el estado de profunda anarquía en que se hallaba el país, por cuyos caminos campaban a sus anchas los bandidos (…) y la indisciplina en que se hallaba sumida la Milicia Nacional, responsable del orden”, concibió la creación de un nuevo cuerpo armado, que sirviera para garantizar la seguridad pública, inspirado en las Hermandades castellanas, organización de autodefensa de ciudadanos libres, surgido por primera vez en el Toledo del S.XI para enfrentarse a los abusos de los señores feudales.
La singularidad del proyecto ideado por el ministro, Pedro Agustín Girón, radicaba en su naturaleza militar con una dirección civil, es decir reservaba al ejército su organización pero en sus actuaciones dependerían de las autoridades políticas. La disciplina se convertiría en el distintivo principal, junto al cumplimiento del deber, el amor al servicio, el honor y el respeto al buen nombre del cuerpo, que irían configurando a sus integrantes hasta alborear el S.XX, prácticamente conformados como los conocemos en la actualidad.
A partir de ahí van desfilando por sus páginas el convulso acontecer histórico de finales del S.XIX y el S.XX: participación activa en la inestabilidad política y social, en los conflictos con las colonias africanas y de ultramar; represión de revueltas, control de algaradas anarquistas, garantía del orden establecido y protección de sus semejantes; en la guerra civil, partida en dos por la violencia de los acontecimientos como el resto de la población; finalizada la guerra la persecución de los guerrilleros que se habían echado al monte; el reto de ETA que comenzó con un asesinato en 1968 y se prolongaría durante cuatro décadas de dolor y muerte con 210 guardias civiles asesinados.
