Otros topos
Ángel Blázquez, militante de la UGT de Béjar, fue uno de los escondidos que más tiempo pasó en su escondrijo, desde el 30 de julio de 1936 hasta el 24 de diciembre de 1955. Cuando estalló la guerra, Blázquez tenía 23 años. Precisamente, en Béjar, que entonces contaba con 9.000 habitantes, era la ciudad más industrial y con el movimiento obrero más importante de la provincia de Salamanca, se cree que hubo varios topos. Lo corrobora el descubrimiento en 2008 de la última topera de la que se tiene noticia, gracias a las obras realizadas en una antigua mercería en la calle Mayor de Pardiñas. La vivienda tenía una planta baja con bodega; el escondite estaba encima de la bodega y se accedía a él desde dentro de la casa, sin necesidad de entrar por la calle.
Eulogio de Vega, alcalde socialista de Rueda, Valladolid, se escondió los primeros 40 días en un maizal y finalmente se instaló en su casa, donde sólo su mujer y sus hijos sabían de sus existencia. Estuvo oculto 28 años, desde 1936 hasta 1964.
Saturnino de Lucas, miembro de la UGT y el PSOE, alcalde de Mudrián, Segovia, pasó 34 años oculto, desde 1936 a 1970, sin dar un paso ni ponerse en pie. Escondido en la iglesia, con la ayuda del cura, durante los primeros cuatro años, después pasó 30 años bajo el tejado de una casucha, con la complicidad de sus padres y hermanos. El habitáculo medía 63 centímetros en su parte más alta, dos metros de ancho y cuatro de largo. Emparedado y soportando el rigor extremo del verano y el invierno, Saturnino sobrevivió leyendo periódicos, escribiendo miles de cuartillas y escuchando la radio. Al salir, en abril de 1970, declaró a los periodistas: "La fuerza humana es increíble; nadie está seguro de ello hasta que no lo siente. Nadie sabe de lo que somos capaces los humanos, nadie lo sabe". Murió sólo unos meses más tarde, en diciembre.
Protasio Montalvo, alcalde republicano de Cercedilla, Madrid, durante los dos primeros años de la Guerrea Civil, estuvo oculto durante 38 años, hasta julio de 1977, cuando ya se habían celebrado las primeras elecciones democráticas -15 de junio-. Cuentan Leguineche y Torbado que prolongó la reclusión influido por su hijo, que pretendía obtener beneficios. Lo cierto es que Protasio explicó: “hasta que no vengan aquí los dirigentes del PSOE a entregarme el carnet. Entonces tendré la seguridad de que nada me puede ocurrir”. Y así fue, un grupo de dirigentes socialistas, entre ellos, Peces Barba y Javier Solana, le entregaron el carnet el 18 de julio de 1977, paradójicamente en el 41º aniversario del alzamiento nacional.