El ocaso de los U-boot: El criterio de Dönitz era muy simple; si los aliados forman convoyes…. Nosotros atacaremos con nuestros submarinos en “manadas”. Si ellos construyen masivamente buques mercantes…nosotros construiremos submarinos en masa. Todo dependía de quién fuese el que construyera más. Las cuentas parecieron salir bien para los alemanes incluso en 1943. La cifra de buques aliados hundidos empezó a crecer más de prisa que la de las unidades que iban saliendo de los astilleros. Pero luego entraron en juego algunas novedades técnicas que imprimieron un giro a la situación. Desde que empezó a utilizarse el radar yo no pudo buscar cobijo ningún submarino en la noche o en la niebla. Así comenzó el declinar de las fuerzas submarinas.
Kart Dönitz fue ascendido el 30 de enero de 1943 al grado de almirante, equivalente el rango de mariscal en el Ejército de Tierra, y se le nombró comandante en jefe de la Marina de guerra, conservando al tiempo las funciones de jefe de las fuerzas submarinas (BdU). En aquellas circunstancias ordenó por radio que los navíos buscasen cobijo en las aguas del sur. Una formación de diez submarinos decidió por entonces atacar al convoy petrolero TM-1, que navegaba desde Trinidad en dirección a las costas del Norte de Africa. De los buques tanques solo dos alcanzarán su destino.
Jamás había tenido hasta entonces la Marina de guerra tantos submarinos en el frente naval contra el enemigo: 212 en total, dirigidos por Kart Dönitz, de los cuales 24 operaban en el mediterráneo y 21 en el Artico. El resto procedía a la caza de convoyes enemigos en el Atlántico, que se había convertido en la única vía de aprovisionamiento.
Pero de los 212 submarinos no eran suficientes para atacar a todos los convoyes que venían de América, y muchas de estas expediciones lograron cubrir su ruta sin ser molestadas.
El golfo de Vizcaya fue escenario0 de un misteriosa hecatombe de submarinos: los ingleses habían montado ya en sus unidades un sistema de radar ASV muy perfecto como poderoso medio auxiliar de los vuelos de reconocimiento. Gracias a el tenían localizado cualquier buque que navegase en superficie incluso durante la noche o en plena niebla.
Los alemanes reaccionaron inmediatamente y montaron en las torres de los sumergibles una antena conocida como la “Cruz de Vizcaya”, junto con el sistema receptor “Metox”. El aparato tenía encomendado alertar a la tripulación tan pronto captaba una frecuencia de radar.
Los ingleses sustituyeron el sistema ASV por el “Rótterdam”, que emitía en una longitud de onda de 9 cm. y que no podía ser interceptada por el “Metox”. Una vez más los alemanes reaccionaron y dispusieron de un nuevo aparato de alarma, el FvBM (aparato de observación de frecuencia por radio). Además se empezó a utilizar una nueva táctica: se había observado que la única salvación estribaba en mantener el submarino bajo las aguas, porque los aviones y los buques enemigos lo detectaban en el momento de emerger, Los tripulantes de los submarinos buscaron entonces el modo de despistar al enemigo remolcando un globo sostenido por una larga amarra, sistema llamado “Afrodita” y que reflejaba las ondas del radar. Bajo las aguas los submarinos lanzaban “boldes” que eran pequeños objetos flotantes y que eran detectados por los aparatos Asdic del enemigo como si se tratase de verdaderos sumergibles.
En la primavera de 1943 los submarinos padecieron graves pérdidas y todo empezó con el U-187, cuyos vigías detectaron la aproximación de un gran convoy el SC 118. Poco después de emitir por radio una comunicación fue atacado por dos destructores que lo hundieron, otros cuatro sumergibles que llegaban fueron duramente atacados.
Así comenzó una batalla que duraría cuatro días, una de las mas duras y amargas de la guerra. El convoy perdió 13 unidades y se perdieron o inutilizaron 18 submarinos.
El Mando de los submarinos concluyó, al final del combate, que el enemigo disponía de un nuevo método para detectar posiciones. El secreto se llamaba H/F D/F, o como lo llamaban los marinos Hulf-Duff y era capaz de reflejar sobre la superficie de una pantalla la procedencia, dirección y distancia de una comunicación radiada y tan pronto como un submarino emitía un mensaje por radio era localizado inmediatamente.
El Mando de submarinos elaboró, con carácter de prioridad, el sistema “correo” o Kurier, mediante el cual se podía emitir en fracciones de segundo. El problema es que entro en servicio cuando la guerra se estaba terminando. Mientras tanto las pérdidas aumentaban vertiginosamente.
Bastaría un reconocimiento aéreo de la Luftwaffe, pero esta fuerza se hallaba batida, diezmada y carente de medios en muchos frentes. Por el contrario en Estados Unidos las fábricas lanzaban sin cesar nuevos aparatos, los astilleros botaban destructores, fragatas y corbetas en gran número y producían verdaderas flotas de cargueros.
A mediados de 1943, Dönitz se preguntaba si no debería terminar la guerra submarina. Mas adelante escribiría: “La cuestión era si debíamos tolerar que la flota de bombarderos, que hasta entonces se había concentrado en atacar a nuestros submarinos, tuviera el camino expedito hacia Alemania para arrojar sus bombas y causar además bajas incalculables entre la población civil. ¿Cómo podría explicar todo esto el hombre que luchaba en submarinos a las mujeres y a los niños alemanes?.
El 24 de mayo el gran almirante Dönitz ordenó un repliegue parcial, ya que todas las unidades que operaban al oeste de las islas británicas deberían regresar. El 2 de agosto se extendió la orden a todos los buques que se encontrasen empeñados en acciones contra el enemigo. Todos ellos deberían regresar a puerto y se les prohibió cualquier operación bélica. La batalla del Atlántico se había perdido. Sin embargo la noche del 23 de julio y las siguientes, Hamburgo fue duramente castigado por las bombas aliadas. En esas acciones murieron 40.000 hamburgueses, de ellos 5.000 niños. Estos bombardeos se habían realizado por los grupos 15 y 19 de “Coastal Command” destinados hasta entonces a la lucha antisubmarina. Los submarinos alemanes volvieron entonces a navegar hacia alta mar.
En la primavera de 1943 se había alcanzado solamente las tres cuartas partes de los sumergibles reclamados por Dönitz en 1939. Cuando la guerra submarina llegó a su cenit es cuando Hitler comprendió la necesidad de cortar el suministro que Estados Unidos le mandaba a Inglaterra. Dönitz había reclamado que se hundiese mayor tonelaje de buques que los estadounidenses estaban en condiciones de construir.
El submarino total del tipo XXI, en proyecto, debería de estar en condiciones de navegar bajo el agua 90 minutos a 18 nudos, durante 10 a 12 horas. Debería de ser capaz de soportar cualquier ataque de cargas de profundidad navegando lentamente: un motor eléctrico completamente silencioso permitiría a la nave una media de 5 nudos durante 60 horas.
En la primavera de 1944 un pequeño submarino experimental se reveló como un buque extraordinario. Se esperaba lograr el modelo perfectamente desarrollado a comienzos de 1945.
En cuanto a los modelos antiguos, con la idea de protegerlos contra la detección enemiga, se les dotó del mecanismo llamado “Schorchel”, se trataba de un mástil aéreo accionado hidráulicamente que permitía al buque navegar con el motor diesel cuando se hallaba replegado el periscopio, cargar las baterías y al tiempo ventilar el interior del submarino.
Sin embargo, ya no cabía esperar grandes éxitos de estos buques. De los 16 submarinos destinados a frenar la invasión aliada en aguas del Canal, siete se perdieron, cinco regresaron con graves daños y tan solo cuatro lucharon contra unas fuerzas enemigas muy superiores. Los submarinos lograron hundir una fragata, un destructor y un buque de desembarco- De los cuatro, uno fue hundido y los otros tres regresaron sin sufrir daños.
La superioridad aliada era cada vez más clara, la Coastal Command disponía al final de la guerra de 1.500 aviones destinados a la lucha antisubmarina. Los convoyes iban ya protegidos por un total de 300 destructores y otros 700 buques de diversas clases y cuando se acercaban a las costas se les unían otros navíos menores en un total de 2.000 unidades.
La fuerza submarina alemana tenía puesta su esperanza en el nuevo torpedo, llamado “Zaunkoning o Reyezuelo”. Este ingenio disponía de una cabeza capaz de orientar el arma hacia el lugar del que partiese el zumbido de una hélice y se utilizaba principalmente contra los peligrosos destructores. Dos meses después, los británicos, disponían del ·Foxer” que identificaba el zumbido del Reyezuelo y el “Squawker”, un cuerpo sonoro era lanzado al mar a la menor señal del peligro.
En la segunda mitad del año 1944 entraron en funcionamiento los sumergibles del tipo XXIII, pero ya era demasiado tarde para intentar variar el curso de la guerra.
El 8 de mayo de 1945 el Almirantazgo británico ordenó que todos los sumergibles emergiesen, dieran su posición y se dirigiesen a puertos británicos. El 9 de mayo de 1945 el U-2336 recibía un lacónico comunicado: La guerra ha terminado.
El 9 y el 10 de mayo se entregaron al enemigo 18 sumergibles alemanes; otros diez se dirigieron a Alemania. En total se entregaron 156 submarinos y 221 fueron hundidos por sus propias tripulaciones. Los sumergibles U 53 y U 977 lograron alcanzar las costas argentinas
