Los escenarios de conflictos atraen cada vez más turistas y representan una fuente de ingresos para los países. Sólo en Francia hay 185 campos de batalla que captan visitantes
Como cada año, el pasado jueves, 14 de julio, la Plaza de la Bastilla de París se engalanó para festejar la sublevación del pueblo francés contra el poder dominante. Decenas de miles de franceses y muchos más turistas repasaron la lección de historia a ritmo de marcha militar y en un ambiente lúdico. Porque si algo atrae el turismo es la memoria de la batalla.
Según los datos recogidos en un informe publicado por el Ministerio de Defensa galo, más de 6 millones de personas visitaron estos hoy escaparates de la historia que ayer fueron escenarios teñidos de sangre.
Entre su participación en las dos guerras mundiales y su conocida revolución, Francia cuenta con no pocos de estos escenarios: en total 185 campos de batalla, que hoy son objetivo de los flashes visitantes. La mayoría se encuentran en Alsacia y Normandía, terreno de uno de los episodios más emblemáticas de la II Guerra Mundial.
El cementerio americano de Colleville, en Omaha Beach –la playa donde tuvo lugar el célebre desembarco de Normandía– o la necrópolis de Nôtre Dame de Lorete, en Pas de Calais, son algunos de los lugares favoritos de los turistas.
Cementerios y trincheras
Precisamente son los lugares donde se libró la I Guerra Mundial los que más interesan a los viajeros que pisan suelo francés. Los flashes apuntan, además, al mismo blanco: los 17 principales sitios de peregrinaje cercanos a las playas del desembarco.
Según los datos de Defensa, los campos de batalla de esta guerra atrajeron el año pasado a 4 millones de personas, de los que 2,7 eran extranjeros, la mayoría procedentes de Alemania, EEUU, Canadá y Polonia. Estos últimos prefieren los cementerios en los que descansan las víctimas del conocido episodio histórico, mientras que las familias se decantan por sumergirse en las trincheras.
En París, la Plaza de la Bastilla comparte protagonismo con monumentos como la Torre Eiffel o los Campos Elíseos, porque más allá de aniversarios o efemérides, estos espacios bélicos forman parte de la ruta establecida e incluso están reseñados en las guías turísticas.
Hasta se han creado empresas con la excusa de este recuerdo, como Terresdememoire, dirigida por un “apasionado de la historia”, según las palabras de su fundador, Silvestre Bresson, que organiza visitas guiadas a los antiguos campos de batalla para grupos turísticos y excursiones escolares.
El turismo de la memoria hace caja, y el año pasado generó en el país vecino 45 millones de euros en cifra de negocio. Esta explotación del recuerdo más triste es un fenómeno reciente. Según el ministerio galo, el 25% de estos espacios inició su explotación comercial en 2000, pero en el otro 75% restante la llegada de turistas comenzó en 1980.
Creación de empleo
Esta actividad no sólo aporta fondos a la caja, también contribuye a la activación de la economía francesa. En estos espacios se crearon miles de empleos el año pasado, a los que hay que sumar otro millar de voluntarios que, en nombre de la memoria, optaron por trabajar sin cobrar.
Por su parte, los organismos que gestionan estos museos del horror invierten una media de 20.000 euros en su puesta a punto y mantenimiento, según las cifras de la agencia Atout France.
Y si este interés, a caballo entre la historia y lo macabro, ha aumentado con el paso de los años –atrae un 3,5% más visitantes que hace cinco años–, las autoridades galas pronostican una avalancha de visitantes en 2014, año del centenario de la Primera Guerra Mundial.
“La tendencia ascendente experimentará un fuerte incremento coincidiendo con la cita. Los actos se multiplicarán en cuatro años dependiendo de la implicación de los diferentes países en el conflicto”, ha declarado al diario Le Figaro el director de patrimonio y de archivos del Ministerio de Defensa, Joseph Zimet. La máquina del merchandising más bélico ya está calentando motores.
http://www.expansion.com/2011/07/17/empresas/transporte/1310932717.html