El contrato social del que hablaba Rousseau y antes había anunciado Hobbes, con su libro Leviatán: o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil, comúnmente llamado Leviatán , desde mi punto de vista se ha roto. Los ciudadanos damos parte de nuestras libertades y dineros a los gobernantes para que estos nos administren y defiendan nuestros intereses. Pero lo que ha ocurrido es lo contrario, ha surgido otra vez el Leviatán. No defienden nuestros intereses sino que se conducen según dictados a la sombra de grandes entidades financieras.
El Estado (o República) que Hobbes proyectaba en Leviatán, una República gobernada por un monstruo, no es el concepto moderno de república (ausencia de monarquías) sino que es concebido como una res publica, es decir, un poder organizado de forma común cuya función es “regentar” las cosas públicas y que se funda a partir de la suma de voluntades individuales libres que deciden actuar para adquirir ventajas comunes pero que subyuga y aplasta a los ciudadanos.
Tenemos por un lado un hatajo de políticos de 3 al 4, obsesionados por perpetuarse en el poder y lucrarse al precio que sea sin ningún interés real por solucionar las cosas y como habéis comentado, con una dejadez y una mala praxis descomunal. Por otro lado está la banca, los lobbies a la sombra, el sistema neoliberal, la preponderancia del capital bancario y financiero que somete y maneja a estos políticos.
Se ha permitido, entre otras cosas, la especulación con un bien tan indispensable como la vivienda, todos lo hemos sufrido, todos hemos tenido que pasar por la tira, comprando pisos a precios excesivos muy por encima del precio real.
Ahora estamos pagando hipotecas monstruosas, medio arruinados y para colmo debemos inyectar más dinero a los bancos para arreglar todas esas cochinadas financieras de los años anteriores con una deuda espantosa. Los activos tóxicos que llaman ahora los banqueros lo constituyen un sinfín de pisos, chalets, urbanizaciones que han quitado/expropiado a ciudadanos desahuciados y a inmobiliarias moribundas y que se resisten a asignar el valor real, que los tiene en sus cuentas sin actualizarlos a verdadero valor del mercado.
¿Para cuándo tendremos unos dirigentes que se ocupen realmente de nosotros, de España, de los ciudadanos y manden a la cárcel, con expropiación incluida a toda esta gentuza?
Como botón de muestra, ¿qué pasa con la ex directora general de Caja Mediterráneo (CAM), María Dolores Amorós, que después de llevarse una cantidad de dinero astronómica pidió la readmisión en la entidad que la expulsó, en su opinión de forma improcedente considerándose perjudicaba porque le hacía perder unos diez millones de euros, cantidad que Amorós calculó al multiplicar su sueldo por los años que le quedaban por trabajar en la entidad. Esta tipa fue expulsada por manipulación y falseamiento de resultados, así como a ocultación de datos, incumplimiento normas contables y de los requerimientos de Banco de España, en lo relativo al saneamiento de activo.
¿Cómo es que no está esta tipeja en la cárcel con todo embargado?
El problema de esta gente es que se han convertido en una casta. Ya no se trata de clases sociales sino de Castas. Esta señora, es así porque lo vale, y es que lo cuenta y se lo cree, no es que no se plantee que se ha cargado un entidad SOCIAL, que tenía una labor social de la que dependía mucha gente, y que venía de mucho antes de que sus abuelos vieran la luz, sino que solo piensa en que su cuenta corriente en algún paraíso fiscal no tiene los ceros suficientes, y en color negro, no en rojo, que es color habitual.
Lo que pasa es que a esta gente, cuando están mandando les dan esos sueldos de impresión, sueldos que les aprueba el consejo de administración y a posteriori el Banco de España, pierden el norte y se alejan de la realidad de la vida de las personas normales .
No me quiero calentar más pero es para montar un Dos de Mayo o una toma de la Bastilla.
A ver si surge alguien decente en la política y da un puñetazo en la mesa poniendo a cada uno en su sitio.