El dia 30 de octubre a las tres de la tarde, con la salida del último turno de la Fábrica de Armas de La Vega, Oviedo puso fin a un ciclo que empezó hace más de 218 años, en febrero de 1794, cuando 110 armeros vizcaínos y guipuzcoanos llegaron a la ciudad para proteger, con distancia geográfica, la industria armamentística nacional de los franceses. Los maestros cañonistas, llaveros, cajeros, bayonetistas y aparejeros, adscritos entonces al Palacio del Duque del Parque, en el Fontán, serían el germen de la fábrica de La Vega, puesta en marcha en los terrenos del convento benedictino en 1854. Pero la plantilla de la fábrica desapareció ayer. Los últimos trabajadores de la Fábrica de Armas de Oviedo, un grupo superior al medio centenar que todavía no había sido trasladado, acabaron su último turno en la ciudad. Hoy empiezan el día siendo trabajadores de la fábrica de Trubia y la ciudad, por primera vez en más de dos siglos, dejará de tener armeros.
A la puerta de la fábrica, el goteo de trabajadores lo era también de gestos serios y pesadumbre. La fábrica no estará cerrada porque todavía un grupo de una veintena de trabajadores, ya adscritos a Trubia, seguirá trabajando en Oviedo en comisión de servicios, dedicados fundamentalmente a las pruebas de fuego de los cañones MK30 en el probadero de La Vega y a labores de limpieza de almacenes.