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Autor Tema: ROMMEL  (Leído 8780 veces)

Astil

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ROMMEL
« en: Enero 08, 2009, 17:25:29 pm »

ROMMEL, Hasta su llegada a Afrika



Si existe un soldado legendario ese es Rommel, el zorro del desierto. Admirado como estratega, héroe para su pueblo y traidor para los nazis, este militar del III Reich representa, de algún modo, al hombre que derrotó a fuerzas infinitamente superiores a las suyas con esa rara combinación de inteligencia y esfuerzo personal que la historia del ser humano ha dado en pocas ocasiones. Sólo así podemos comprender un mito que dura décadas enteras sin  discrepancias de peso.

     Curiosamente la leyenda de Rommel no fue iniciada en Alemania. Sus propios enemigos se encargaron de crearla. Tras haber vencido con facilidad a los italianos en África, los ingleses habituados al calor, a la falta de agua y las penalidades del desierto fueron incapaces de comprender cómo un "puñado" de alemanes que jamás habían soportado los rigores de los mares de arena, sin los medios adecuados, ni suficientes suministros y conducidos por un oficial de edad madura les habían ocasionado la mayor derrota de su historia en el Continente Negro. Winston Churchill lo nombró como "gran general" en plena Cámara de los Comunes indignando a los presentes. Algunas voces se levantaron diciendo que en el ejército inglés no hubiera pasado de cabo.

     Los propios ingleses lo bautizaron como "zorro del desierto" Nada más su nombre provocaba la desmoralización de la tropa, hasta tal punto que el alto mando emitió una orden en la que se prohibía nombrarlo, refiriéndose siempre a "los alemanes" "el Eje" "los enemigos"; todo menos pronunciar su nombre. Sólo cuando Goebbels, ministro de propaganda nazi, se dio cuenta de lo que estaba sucediendo en Inglaterra , comenzó una campaña para exaltarlo. Durante la guerra, en ocasiones, la fama de Rommel llegó a limites increíbles, así el general Patton, fiel creyente en la reencarnación, estaba seguro de que el enfrentamiento entre Rommel y él venía produciéndose durante siglos, y en esa ocasión sería la batalla definitiva.


   
Para llegar a entender esta leyenda es imprescindible repasar su vida antes de la Segunda Guerra Mundial, y aunque alcanzó su fama en el desierto con su Afrika Corps, revisar su actuación durante la campaña contra Francia. De este modo es entendible por qué Churchill llegó a hablar siempre bien de él o Patton a considerarlo su enemigo trascendental.

     Erwin Johannes Rommel nació a medio día del domingo 15 de noviembre de 1891 en la localidad de Heidenheim. A los 18 años entró como cadete en el 124º regimiento de Weingarten y el 2 de agosto de 1914 partió hacia el frente francés. La Primera Guerra Mundial había estallado y aquel joven alférez pronto realizó su primera hazaña. El día 22 de ese mismo mes, junto a tres hombres, capturó a un pelotón enemigo en el pueblo de Bleid. El 24 de septiembre fue herido en un muslo cuando se lanzó al ataque y derrotó a tres soldados franceses con el fusil descargado, por ello le concedieron la Cruz de Hierro de segunda clase, la de primera clase se le dio el 29 de enero de 1915 cuando tomó cuatro bunkers, rechazó el contraataque enemigo y ocupó la casamata de la que había sido desalojado. Haría falta una larga lista para recopilar todas las acciones de Rommel en esta primera época. La guerra le dejó un respiro y el 27 de noviembre de 1916 se casó con Lucie Mollin.

     En 1917 y ascendido a teniente fue trasladado al frente italiano. Allí alcanzó éxitos militares más importantes todavía. En octubre de 1917 participó en la toma de la cota 114 y del monte Matajur capturando un total de 150 oficiales, 9500 soldados y 81 cañones. Por su parte sólo había perdido un hombre. El 4 de noviembre le fue concedido el más alto premio prusiano al valor, la medalla "Pour le Mérite" por su arrolladora victoria en Longarone. Rommel siempre achacó sus grandes victorias al poco espíritu combativo de los italianos y aquello le influyó mucho cuando volvió a encontrarlos en África, pero esta vez como aliados.



En noviembre de 1918 Alemania se rindió para sorpresa de sus soldados que consideraron la capitulación como una traición. Al mes siguiente Rommel volvió a su viejo 124º regimiento de infantería en Weingarten. Su mujer enfermó en esas fechas y viajó en su busca hasta Dantzig. Aquel viaje lo marcó profundamente. Los bolcheviques alemanes lo pararon varias veces, se rieron de su uniforme e incluso escupieron en su "Pour le Mérite". Alemania era un caos recorrido por las llamas de la revolución. Rommel fue enviado a la 32º compañía de seguridad interna. Los soldados se negaban a obedecer y se vio obligado a imponerse a gritos. Los militares alemanes se habían transformado en "señores de la guerra" con ejércitos propios que ponían al servicio del mejor postor, pero Rommel siguió fiel a la democrática República de Weimar. No fue de extrañar que en la reorganización del ejército, encargada al general Hans von Seekt, se contara con Rommel

Dedicado a la vida de cuartel disfrutó con su mujer de los placeres de este mundo. Organizó bailes, pues Lucie era una gran bailarina que de joven había ganado varios premios, tocó el violín, dedicó por fin tiempo a su colección de sellos y practicó sus deportes favoritos. Mientras Alemania era sacudida por convulsiones obreras y políticas, Rommel esquiaba con su mujer, realizaban paseos por la montaña y montaban a caballo. En 1928 nació su hijo y al año siguiente fue trasladado como instructor al cuartel de Dresde. Prometía transformarse en un oficial cuarentón de existencia apacible. No obstante, algo en su interior seguía ardiendo. Sus superiores comentaban: "En este oficial hay mucho más de lo que se ve" En 1933 fue ascendido a mayor y se le encargó el 3º batallón de cazadores, tropas alpinas especializadas, y el 17º regimiento de infantería. Allí, rodeado de su familia, fue su época más feliz. En las montañas del Harz disfrutó haciendo alpinismo con sus hombres y transformándolos en los mejores soldados. Su fama se extendió de tal forma que llegó a ser llamado por sus superiores" el batallón Rommel".

     Su vida personal parecía de lo más tranquila. Trabajaba en un libro que al final publicó en 1937 bajo el título de La infantería ataca, que mereció críticas muy favorables e incluso el ejército suizo lo adopto como manual militar. Estudiaba nuevas teorías sobre estrategia, principalmente las dedicadas a los carros de combate. En política no solía dar su opinión pues ante todo era un militar y entonces se pensaba que debían quedar al margen, aunque mostraba simpatía por los socialistas. No fumaba, no bebía, no iba con otras mujeres y siempre se declaraba enamorado de su esposa. Aunque culpaba del desastre alemán, como cualquier hombre de la calle, a los políticos, comerciantes e industriales, no se mostraba antijudío. Un día llegó a reñir a su hijo por señalar a un judío con el dedo.

     Por todo esto la subida nazi al poder no le gustó nada. En casa comentó a su mujer "los nazis son una banda de bribones" Consideraba a Hitler un lúgubre idealista que intentaba salvar a Alemania del comunismo, pero no le gustaban las personas que le rodeaban, sobre todo Ernst Röhm jefe de la SA, al que consideraba un pervertido sexual que había reclutado un ejército personal de dos millones de hombres.

     El primer encuentro con Hitler da una clara imagen de la personalidad de este hombre. Se le encargó la seguridad de un desfile, pero la seguridad personal de Hitler correría a cargo de los SS y el ejército iría detrás de ellos. Se negó rotundamente a que los SS desfilaran delante de los soldados, amenazando con no participar en el desfile si semejante cosa ocurría. Con intención de convencerlo Himmler y Goebbels le invitaron a comer, sin embargo no consiguieron que diera su brazo a torcer. Jamás dejaría en segundo plano al ejército de la nación frente a uno personal. En casa comentó que el aire de monje fanático de Himmler no le  gustaba y que Goebbels era un gran hablador. Al día siguiente presentó su batallón a Hitler. El Führer miró su condecoración, puso una mano en su hombro y le dijo: "Yo también he combatido en la guerra con coraje, pero la "Pour le Mérite" es la condecoración de los héroes" Rommel comenzó a caer en la trampa.



     Hitler quedó impresionado por aquel oficial de casta prusiana que no se había dejado influenciar por los jerarcas nazis. El 15 de octubre de 1935 fue trasladado a las cercanías de Berlín a la escuela de infantería de Potsdam. El Führer quería tenerlo cerca, pero Rommel seguía siendo fiel a sus principios y continuó sin relacionarse con los camaradas de Hitler, a los que en privado trataba de mediocres arrogantes. Mientras sus clases en la escuela cobraban fama entre los cadetes. Los jóvenes no paraban de nombrar al admirado estratega Clausewitz. Un día Rommel les dijo de golpe: "Esto es lo que a dicho Clausewitz, aquello es lo que pensaba Clausewitz; pero vosotros... vosotros ¿No tenéis una cabeza para pensar?.

     En septiembre de 1936 se produjo el momento en que Hitler decidió colocar a Rommel definitivamente a su lado. En uno de los desfiles nazis en Nuremberg el Führer de dijo que sólo quería seis coches detrás de él. A la hora prevista una enorme cantidad de coches repletos de miembros del partido y militares se preparaba para seguir el automóvil de Hitler. Rommel contó media docena y sus soldados pararon al resto. Le llovieron toda clase de amenazas, algo verdaderamente peligroso para un simple teniente coronel, sin embargo, no dejó pasar a nadie. Por la noche Hitler lo llamó para felicitarle con afecto.

     Los enfrentamientos con miembros del partido nazi hicieron comprender al Führer que aquel militar no se dejaría comprar. En una ocasión acudió a la opera con Baldur von Schirach, quien, como en tantas otras ocasiones,  intentó dejarlo en segundo plano sentándose delante de él. Rommel levantó su pesada butaca de palco y la colocó en primera fila diciendo: "Represento a la Wehrmacht, y en este país la Wehrmacht siempre va delante". No es de extrañar, que ante esto, Rommel fuera de nuevo transferido y se encontrara de viaje junto a su familia hacia su nuevo destino, la famosa Escuela de Cadetes de Wiener Neustadt, la misma noche que ha pasado a la historia como la de "los cristales rotos" en la que los nazis mataron y destrozaron las casas y los comercios de miles de judíos.

Cuando comenzó el ataque a Polonia, el 1 de septiembre de 1939, Rommel había sido ascendido a general. Allí pudo ver por fin a los carros de combate en acción. El 23 de septiembre sólo Varsovia resistía sin esperanzas y el 5 de octubre Hitler entraba en la capital polaca. En ese tiempo Hitler lo trató como a su general predilecto, y al final quiso premiarlo ofreciéndole una división. Rommel sorprendió a todos pidiendo concretamente una Panzerdivisión. Sus camaradas protestaron argumentando que Rommel jamás había estado al mando de una división de tanques, pero el Führer le otorgó la 7ª y el día 10 de febrero de 1940 se hizo cargo de ella. Hasta el ataque a Bélgica Rommel devoró los libros sobre estrategias de carros blindados, y preparó a sus hombres. 

    Hasta la mañana del 10 de mayo el conflicto fue conocido como "la dulce guerra" Ni un bando ni otro arriesgaban lo más mínimo, pero ese día, a las 01,45 la Wehrmacht comenzó su avance sobre Bélgica. Los alemanes quedaron sorprendidos cuando al pasar por los pueblos vieron que los belgas les saludaban calurosamente al grito de "¡Heil Hitler!" En su Panzer III preparado como vehículo de reconocimiento Rommel dirigió a sus blindados por las carreteras a una velocidad de vértigo. El paso del río Mosa fue lo más difícil, allí los belgas ofrecieron la mayor resistencia. El 16 de mayo Rommel llegó a Cerfontaine y topó con sistema de defensa francés conocido como la Línea Maginot que se consideraba inexpugnable, sin embargo, 24 horas más tarde ya la había superado y a las 5,15 horas su 7ª división panzer se agrupaba para cruzar Sambre en Landrecies.

     Los franceses se rendían por todos lados. Ese mismo día hizo 3.500 prisioneros. El 18 de mayo, una vez tomado Landrecies, y lograr la capitulación de varias defensas francesas reunión a sus oficiales. Todos estaban perplejos por el increíble éxito obtenido. Los soldados admiraban a su general. Era la imagen del soldado sin miedo. Con su rostro duro y bronceado, calada la gorra de faena y su medalla al valor en el pecho, Rommel había estado al frente de los combates corriendo de un lado a otro preocupándose de todos los detalles y de sus hombres. Su forma de ser, calido, pero duro y distante, creó la imagen del lider que aquella tropa necesitaba para alcanzar la victoria. Rommel escribió: "Han vuelto los tiempos de los generales de Ferérico el Grande, de Ziethen y Seydlitz, cuando los caudillos cabalgaban a la cabeza de sus ejércitos".

 Ese 18 de mayo Rommel comunicó a sus oficiales que debían alcanzar El Havre. Aquella ciudad estaba muy lejos; en el canal de la Mancha y se encontraban agotados. Además sus suministros eras escasos, pues los encargado de la logística habían visto desaparecer a toda velocidad la 7ª división y no sabían dónde enviar los víveres y el carburante. Cuando fue localizado resultó que Cambrai se encontraba en su poder. El 21 de mayo el enemigo se reorganizó en las cercanias de Arras y contraatacó usando principalmente el potente blindado Matilda Mark II, su coraza resistía perfectamente los impactos de los carros alemanes provistos de cañones de 37 mm. De nuevo la capacidad para improvisar de Rommel se impuso. Ordenó a sus cañones Flak de 88 mm que abrieran fuego contra los tanques enemigos. Los Mark II no pudieron alcanzar los lejanos cañones que los destrozaron. Durante la jornada fue muerto a pocos metros suyos su ayudante de campo, el teniente Most.

Rommel en Chebourg

     El día 27 se le hizo entrega de la Cruz de Caballero. Era la primera condecoración otorgada a un oficial durante la campaña de Francia. Rommel entró en Lille paralizando la gigantesca evacuación que se estaba efectuando en Dunkerque. El 5 de junio cruzó el Somme tras capturar a cientos de soldados pertenecientes a las unidades coloniales francesas. Detuvo varios convoyes ingleses y los soldados alemanes se quedaron atonitos al ver palos de golf y raquetas de tenis en lugar de armamento y munición. En la localidad de Elbeuf ocurrió una anécdota que le gustaba recordar. Rommel se detuvo un momento en la plaza del pueblo y se le acercó una anciana para preguntarle: "¿Es usted inglés?" El general contestó: "No, alemán" La mujer levanto los brazos y los ojos hacia el cielo y exclamó: "¡Oh, han llegado los bárbaros!".

El 10 de junio Rommel llegó por fin al mar. Los habitantes de la zona le aplaudían pensando que eran los últimos ingleses. Su espectacular carrera no había dado tiempo para nada y la población no estaba informada de los acontecimientos. El 11 tomó Saint Valéry y el 18 Cherburgo. Francia pidió el armisticio y Rommel dio por finalizada su guerra relampago. Los alemanes se dedicaron a tomar el sol y bañarse en la costa francesa. El frío Rommel no fue indiferente a los atractivos del país galo y, como inocentemente escribió a su mujer, las muchacas francesas en las playas le producían "cierta turbación". Le tocó tratar con las autoridades e industriales que buscaban acuerdos que les permitiran sobrevivir al nuevo regimen. Entre tanto se preparaba la operación León Marino, consistente en la invasión de Inglaterra.

     Mussolini declaró la guerra a Inglaterra y Francia el mismo de 10 de junio. En septiembre lanzó una enorme ofensiva que fue parada inmediatamente en Sidi Barrani. Durante el mes de diciembre de 1940 Italia sufrió una derrota descomunal. Los ingleses capturaron 200.000 italianos y el 22 de enero tomaron la plaza fuerte de Tobruk. Hitler debía enviar ayuda urgente y efectiva a Mussolini. Nadie mejor que Rommel para enderezar la situación


http://www.editorialbitacora.com/ARMAGEDON/personajes/personajes.htm
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Re: ROMMEL
« Respuesta #1 en: Enero 08, 2009, 17:32:49 pm »

ROMMEL, Afrika



Rommel pasó la mayor parte de 1941 organizando y volviendo a formar a las maltrechas tropas italianas, que habían sufrido una serie de derrotas a manos de la Commonwealth británica, entonces bajo las órdenes de Richard O'Connor.

En la primavera de 1941 lanzó una ofensiva que empujó a los aliados fuera de Libia, pero no pudo apenas penetrar en Egipto y, sobre todo, dejó tras sus líneas el importante puerto de Tobruk que, aunque cercado por tierra por las tropas del Eje, todavía resistía bajo las órdenes de un general australiano, Leslie Morshead. El comandante en jefe aliado Archibald Wavell lanzó dos ataques para levantar el cerco de Tobruk (Operación Brevity y Operación Battleaxe), pero ambas fracasaron.

Tras el fracaso de Battleaxe, Wavell fue relevado por Claude Auchinleck, quien lanzó una nueva gran ofensiva para liberar Tobruk, la Operación Crusader, que por fin tuvo éxito y permitió a los aliados reconquistar la Cirenaica. Sin embargo, cuando la ofensiva se quedó sin fuelle, Rommel contraatacó. En una clásica Blitzkrieg (guerra relámpago), Rommel flanqueó a los británicos en Gazala, rodeando y reduciendo al núcleo fuerte en Bir Hakeim y forzó a los británicos a una retirada rápida para evitar ser derrotados por completo. Tobruk, asediada y aislada, era ahora todo lo que había entre el Afrika Korps y Egipto. El 21 de junio de 1942, tras un rápido, coordinado y fiero ataque combinado, la ciudad se rindió junto con sus 33.000 defensores. Sólo en la caída de Singapur, un poco antes en ese mismo año, se capturaron más tropas británicas y de la Commonwealth. Las tropas aliadas habían sido derrotadas. En unas pocas semanas habían sido empujadas de vuelta a Egipto.

La ofensiva de Rommel fue finalmente detenida en El Alamein, a sólo 100 km de Alejandría. Rommel perdió la Primera Batalla de El Alamein debido a una combinación de problemas de suministros, tácticas aliadas mejoradas, y que los aliados ya habían descifrado las comunicaciones secretas alemanas cifradas en la máquina enigma. Los aliados, con la espalda contra la pared, estaban muy cerca de sus suministros y tenían tropas frescas a mano para reforzar sus posiciones. La táctica de Auchinleck, de atacar continuamente a las debilitadas tropas italianas durante la batalla, forzó a Rommel a usar el Deutsches Afrika Korps en un papel de bomberos, dejando la iniciativa en manos aliadas. Rommel trató de romper las líneas enemigas una vez más en la Batalla de Alam Halfa. Fue finalmente detenido por el recientemente llegado nuevo comandante, el Teniente General Bernard Montgomery, ayudado por el hecho de que los Aliados se habían hecho con una máquina (Ultra) capaz de descifrar las comunicaciones alemanas, alertando así del plan de Rommel antes de la batalla.

Con las fuerzas británicas de Malta interceptando sus suministros en el mar y las grandes distancias que debía cubrir en el desierto, Rommel no podía mantener indefinidamente la posición de El Alamein. A pesar de ello, hizo falta una gran batalla, la Segunda Batalla de El Alamein, para derrotar a las fuerzas germano-italianas y obligarlas a retirarse. Fue entonces cuando Hitler intervino y desautorizó por primera vez a Rommel en combate: el Führer revocó la orden de retirada y ordenó al ejército alemán permanecer en sus posiciones y resistir hasta el último hombre. La orden fue una sorpresa para Rommel, que no obstante la acató y suspendió la retirada. Sin embargo, esto significaba condenar su ejército a la destrucción por lo que 24 horas más tarde decidió insubordinarse y volvió a ordenar la retirada. No sufrió medidas disciplinarias por ello pero en el espíritu de Rommel quedó para siempre una mala impresión de su comandante en jefe.

Tras la derrota en El Alamein, las fuerzas de Rommel se limitaron a tender emboscadas al ejército británico que les perseguía y no volvieron a plantear lucha abierta hasta que llegaron a Túnez. Incluso ahí, su primera batalla no fue contra el Octavo Ejército Británico, sino contra el 2º Cuerpo Estadounidense, que había desembarcado en Marruecos y Argelia durante las semanas anteriores (Operación Torch). Rommel infligió un duro revés a las fuerzas americanas en la Batalla del paso de Kasserine. En esta batalla, uno de los oficiales de observación destinados en su estado mayor, Claus von Stauffenberg, es gravemente herido en un bombardeo.

Volviendo una vez más a enfrentarse a la Commonwealth en las antiguas defensas fronterizas francesas de la Línea Mareth, Rommel no pudo retrasar más lo inevitable. Ultra fue un poderoso factor que precipitó la caída de sus fuerzas. El 6 de marzo de 1943, tras librar una última batalla, Rommel fue evacuado. Cinco días después fue condecorado con los brillantes de la Cruz de Caballero. Sus hombres se convertirían en prisioneros de guerra pocos meses después.




 Italia, 1943

Tras su evacuación de Túnez, Rommel pasó un tiempo encerrado en una villa de Alemania. Su estancia allí era secreto de estado ya que la propaganda oficial seguía hablando de él como si estuviese aun al frente de sus tropas en África, para mantener la moral.

Al consumarse la rendición en Túnez (13 de mayo de 1943), Rommel fue transferido temporalmente al cuartel general de Hitler como "consejero militar", sin mando efectivo salvo un paso fugaz por Grecia. El desembarco aliado en Sicilia (10 de julio) y el derrocamiento de Mussolini dos semanas después convencieron a Hitler de que Italia estaba a punto de rendirse y le impulsaron a intervenir militarmente. El Führer llamó a Rommel para comandar el nuevo Grupo de Ejércitos B, formado alrededor de Munich, que empezó a cruzar los Alpes pocos días después.

Desde agosto a noviembre Rommel dirigió lo que de hecho era un ejército de ocupación en el norte de Italia. No se ha acusado a Rommel de ningún crimen de guerra o contra la humanidad en este difícil periodo de pre-guerra civil, a pesar de las órdenes de Hitler de reprimir brutalmente a los partisanos.

Rommel en Roma
« última modificación: Enero 08, 2009, 18:21:09 pm por Astil »
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Re: ROMMEL
« Respuesta #2 en: Enero 08, 2009, 17:41:59 pm »

ROMMEL, Francia, 1943–44




Rommel y un grupo de oficiales inspeccionan las defensas de la costa francesa.En noviembre de 1943 Rommel recibió la orden de trasladar su Grupo de Ejércitos B a Francia y fue nombrado responsable de defender la costa francesa. Consternado por la situación con la que se encontró y el lento ritmo de trabajo, sabiendo que disponía de escasos meses antes de la invasión, Rommel revigorizó todos los esfuerzos de fortificación a lo largo de la costa atlántica. Bajo su mando, el ritmo de trabajo se aceleró significativamente, se colocaron millones de minas y miles de trampas anti-tanque, así como obstáculos en las playas y los campos.



Tras sus batallas en África, Rommel concluyó que para el sostenimiento del frente occidental cualquier movimiento ofensivo resultaría imposible debido a la superioridad aérea Aliada. Argumentó que los tanques deberían estar dispersos en pequeñas unidades y deberían mantenerse en posiciones bien fortificadas, situadas tan cerca del frente como fuese posible, de modo que no tuvieran que moverse demasiado y no se apelotonasen cuando comenzara la invasión. Opinaba que la invasión debía ser detenida en las playas. Sin embargo, su comandante Gerd von Rundstedt decidió que no era posible detener la invasión cerca de las playas debido a la enorme potencia de fuego de la flota aliada y pensó que los tanques deberían estar formados en grandes escuadrones tierra adentro, cerca de París, donde permitirían a los Aliados adentrarse en Francia y entonces acabar con ellos. Cuando se pidió a Hitler que eligiese un plan, vaciló y situó los tanques en un punto intermedio. Entonces, los tanques quedaron demasiado lejos para la utilidad de Rommel, y fuera del alcance de la idea de von Rundstedt. A pesar de todo, el plan de Rommel estuvo a punto de llevarse a cabo.

Durante el Día D, bastantes tanques alemanes, sobre todo de la 12ª División Panzer SS, estuvieron cerca de las playas y crearon bastante caos. Pero la superioridad numérica de los Aliados y la negativa de Hitler a liberar a tiempo las reservas Panzer hicieron cualquier éxito irrelevante y las playas fueron pronto aseguradas por los aliados.


Rommel y el complot del 20 de julio de 1944 


 Contactos con los conspiradores 

La verdadera implicación de Rommel en el complot y su opinión sobre el mismo han sido tema de intenso debate a lo largo de los años. Lo que está más allá de toda duda es que los dos hombres clave del complot del 20 de julio, el doctor Carl Friedrich Goerdler y el Generaloberst Ludwig Beck, habían puesto sus ojos en Rommel para que les apoyara. Necesitaban desesperadamente una figura de gran renombre que pudiera contrarrestar ante al pueblo alemán la sombra de cualquiera de los lugartenientes de Hitler que intentara ocupar su lugar, y también les hacía falta un militar de prestigio y alto rango que pudiera unir bajo su mando al ejército, enfrentándose a las SS si fuera necesario. Rommel era ambas cosas. A pesar de sus enemigos en el OKW, era una figura ampliamente respetada en el ejército, e incluso en las Waffen-SS, y además era la figura más popular en Alemania después del propio Hitler.

Los conspiradores tenían dos contactos con Rommel: uno era Karl Strolin, alcalde permanente de Stuttgart y antiguo amigo y camarada de armas de Rommel en la Primera Guerra Mundial; el otro, el Generalleutnant Hans Speidel, quien siendo ya parte del complot había sido nombrado jefe de estado mayor de Rommel en Francia.

Strolin visitó a Rommel en febrero de 1944 para informarle de la conspiración. También le desveló en ese momento la existencia de los campos de exterminio. Strolin declararía después que Rommel desconocía la intención de asesinar al Führer y creía que lo que se haría con Hitler era capturarle y encerrarle para ser juzgado posteriormente.

El 17 de mayo Rommel asistió a una reunión de altos cargos militares del Frente Occidental en la que el Generaloberst von Stülpnagel habló abiertamente del complot para matar a Hitler. Según numerosos testimonios (principalmente de Speidel y de la esposa de Rommel, Lucie), Rommel se opuso al magnicidio, prefiriendo una acción más suave por la que Hitler dimitiese o fuese depuesto pero no asesinado.

El éxito del desembarco aliado del 6 de junio convenció definitivamente a Rommel de que era imposible para Alemania ganar la guerra. El 12 de junio se entrevistó con el Generalfeldmarschall Gerd von Rundstedt y le explicó que la guerra en el Oeste no podía ganarse militarmente. El 26 de junio se entrevistó en persona con Hitler, por última vez. Ese mismo día Claus von Stauffenberg comenzó los preparativos para el atentado del 20 de julio.

El 9 de julio, los conspiradores hicieron un último intento por ganarse Rommel para su causa. Cesar von Hofacker, emisario de von Stülpnagel, informó al Mariscal del atentado inminente contra el Führer. Existen opiniones contradictorias sobre si Rommel dio por fin una respuesta afirmativa o bien prefirió no implicarse.

En cualquier caso, el 13 de julio Rommel redactó una versión ampliada y actualizada de su informe del 12 de junio sobre la imposibilidad de ganar la guerra contra los Aliados occidentales y se la envió al Generalfeldmarschall Günther von Kluge, sustituto de von Rundstedt. Von Kluge no lo enviaría a Berlín hasta días después del atentado, lo cual aumentaría los rumores contra Rommel.


 Rommel fuera de combate

Desde que se inició el desembarco de Normandía, Rommel ejercía su cargo como jefe del Grupo de ejércitos B visitando un cuartel general tras otro a fin de coordinar directamente las acciones de cada jefe. El 17 de julio de 1944 visitó por la mañana los cuarteles generales de las divisiones de infantería 276ª y 277ª. Al mediodía se reunió con Sepp Dietrich en el cuartel general del II Cuerpo de ejército blindado de las SS y hacia las cuatro de la tarde se encaminó de vuelta a su propio cuartel general. A pesar de evitar las carreteras principales, bombardeadas y abarrotadas de refugiados, su coche fue ametrallado por una pareja de Spitfires de la RAF (se atribuye oficialmente el ataque al jefe de escuadrón Charley Fox).

El coche fue alcanzado por una de las ráfagas, que hirió a su conductor, y se estrelló fuera de la carretera, quedando boca abajo en un canal de riego cercano. El conductor, soldado Daniel, murió unos días después. El comandante Neuhaus sufrió una fractura de cadera. El capitán Lang y el sargento Holke salieron con magulladuras leves. Rommel salió despedido del vehículo y quedó tendido en el centro de la carretera, inconsciente. Sufría una fractura cuádruple de cráneo, heridas en la cara producidas por fragmentos de parabrisas y una enorme hinchazón que le cerró el ojo izquierdo.[9] Los sucesivos doctores que le fueron atendiendo se mostraban muy pesimistas en cuanto a sus expectativas de supervivencia. La mayor parte del tiempo estaba inconsciente. Se despertaba de forma esporádica, pero era incapaz de moverse ni apenas hablar.

Por tanto, cuando tres días después el coronel Claus von Stauffenberg intentó matar a Hitler con una bomba, Rommel se debatía entre la vida y la muerte en una sala de operaciones en la que el Dr. Esch, uno de los mejores neurocirujanos de Alemania, se esforzaba por reconstruir su destrozada cabeza. Y lo consiguió. Para sorpresa de todos, Rommel superó las operaciones con el ojo izquierdo totalmente cerrado, completamente sordo del oído izquierdo y con terribles jaquecas transitorias, pero vivo. Era la sexta herida que recibía en acto de servicio.

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Re: ROMMEL
« Respuesta #3 en: Enero 08, 2009, 17:48:28 pm »

Declaraciones en su contra 

En las investigaciones posteriores al atentado, varias de los detenidos implicaron de forma ambigua a Rommel. El Generaloberst Karl-Heinrich von Stülpnagel fue llamado a regresar a Berlín de forma urgente. Sabiendo que sería detenido nada más llegar, intentó suicidarse en el camino pegándose un tiro, pero colocó mal la pistola en la sien y sólo consiguió saltarse un ojo y casi perder el segundo. Según declaró a la Gestapo el médico que le atendió, repitió varias veces el nombre de Rommel mientras convalecía bajo los efectos del sedante. Luego fue llevado bajo arresto a Berlín, torturado durante algunos días y juzgado, condenado y ahorcado en un tiempo récord. La ejecución se llevó a cabo el 30 de agosto de 1944, y no se sabe con certeza qué más llegó a declarar bajo las torturas. Se considera posible que le ejecutaran con tanta urgencia debido al precario estado de salud en que quedó tras su fallido intento de sucidio y las torturas subsiguientes.

Speidel, su jefe de estado mayor, fue también arrestado. Llevado a Berlin y sometido a continuos interrogatorios por parte de la Gestapo (pero, sorprendentemente, no a torturas), Speidel consiguió pasar esa fase de la investigación sin denunciar a ninguno de sus camaradas conspiradores. Sin embargo, sí admite haber declarado que cuando se enteró del plan para atentar contra Hitler por boca de Stülpnagel y otros, lo puso en conocimiento de su superior directo, Rommel. Con eso dejó al mariscal en muy mala posición, ya que implicaba que, o bien estaba abiertamente a favor del atentado, o bien pecó de omisión al no informar de ello.

Martin Bormann, uno de los jerarcas nazis más poderosos, redactó un informe sobre estos interrogatorios en el que compilaba los testimonios que denunciaban a Rommel. Concretamente acusaba a Rommel de haberse puesto a la disposición del gobierno que tomase el poder tras el atentado.Sin embargo, los historiadores consideran que Bormann no es una fuente imparcial porque era un adversario declarado de Rommel.

Por último, también jugó en contra de Rommel el hecho, circunstancial según todos los implicados, de que von Stauffenberg había sido ayudante en el cuartel general del Afrika Korps.


Otros indicios de su implicación 

Rommel estaba convencido de que Alemania debía firmar la paz con los Aliados occidentales y sabía también que éstos sólo aceptarían la rendición incondicional mientras Hitler continuase en el poder.

Existen indicios de que en los meses de junio y julio de 1944 Rommel cambió su postura inicial en contra de matar al Führer. Según su hijo Manfred, Rommel planeaba rendir su Grupo de Ejércitos B a los Aliados a fin de que éstos avanzasen hasta Berlín y terminasen así la guerra.

Bruno Ceppa, que era uno de los oficiales de estado mayor de Rommel en Francia, afirma que en la entrevista del 17 de julio entre Rommel y Sepp Dietrich el Mariscal le preguntó al SS si estaría dispuesto a obedecer sus órdenes incluso si contradijesen a las órdenes del propio Hitler. Dietrich respondió que Rommel era su jefe y serían sus órdenes las que él seguiría. El apoyo de Dietrich era esencial para Rommel porque comandaba el cuerpo de ejército más potente de los tres que componían las fuerzas de Rommel.

Otro indicio sobre la opinión positiva de Rommel hacia el complot proviene de Melcior von Schlippenbach, oficial de estado mayor que fue a visitarle durante su convalecencia y que afirma que éste le preguntó "¿No cree usted que habría sido mejor que el atentado del 20 de julio hubiese salido bien?"

En cualquier caso, todas las fuentes concuerdan en que Rommel estaba al corriente de los planes contra Hitler y que decidió no delatar a los conspiradores.


 Indicios de la no implicación de Rommel  

El 24 de julio, el convaleciente Rommel le escribió a su mujer diciéndose sorprendido por el atentado contra el Führer y alegrándose de que éste hubiese sobrevivido. La mujer de Rommel siempre mantuvo que su marido no estaba implicado o al menos no apoyaba el complot para asesinar a Hitler.

Según el almirante Friedrich Ruge, Rommel le dijo al enlace naval de su estado mayor —con el que mantenía una abierta amistad— en el hospital mientras estaba convaleciente, refiriéndose al intento de asesinato: «Es una mala manera de resolver las cosas. Ese hombre es la encarnación del demonio. ¿Por qué convertirle en héroe y mártir? Mejor sería dejar que el ejército lo detuviera y lo juzgara. No destruiremos la leyenda de Hitler hasta que el pueblo alemán conozca la verdad.»

Según uno de los generales enviados por Hitler para forzar a Rommel al suicidio, éste habría dicho, en los últimos minutos antes de salir definitivamente de su hogar: "He querido al Führer y todavía le quiero."

El controvertido historiador David Irving sostiene que algunos altos jerarcas nazis, en particular Martin Bormann y Hermann Göring, deseaban incriminar a Rommel para quitárselo de encima. Esto les habría llevado a ofrecer a Speidel librarle de la muerte a cambio de un testimonio acusador sobre Rommel. El hecho es que Speidel fue el único conspirador reconocido como tal que no fue ejecutado, aunque también es posible que ello se deba a que no llegó a ser expulsado del ejército. En efecto, recibió el apoyo de von Rundstedt y sobre todo de Heinz Guderian, que había sido nombrado presidente de los tribunales de honor que expulsaron a todos los implicados, poniéndolos en manos del Tribunal del Pueblo de Roland Freisler.

Muerte de Rommel

Rommel pasó la convalecencia del accidente en su casa de Herrlingen. Su hijo Manfred, alistado en una unidad de defensa antiaérea de la Wehrmacht, recibió un permiso especial para acompañarle. Se encontraban también en la casa su esposa Lucie, el capitán Aldinger y un ordenanza. Al principio Rommel tenía también un servicio de centinela en la puerta del jardín, proporcionado por un cercano cuartel de la Wehrmacht, pero conforme transcurrían los días se le retiró dicho servicio «por orden superior».

Rommel hacía ya meses que aseguraba saber que sus enemigos en el Alto Estado Mayor confabulaban en su contra a oídos de Hitler, pero según declararon posteriormente sus allegados, no empezó a sospechar que se le pretendía inculpar en algo mucho más serio hasta que Speidel fue detenido por la Gestapo el 7 de septiembre. Desde entonces, empezó a salir a sus paseos diarios llevando su pistola de servicio en el bolsillo, y en uno de esos mismos paseos con Manfred le hizo fijarse en dos hombres de uniforme que les observaban desde lejos, diciéndole a su hijo: «Hace ya días que estamos bajo vigilancia».

Durante los días siguientes Rommel, aquejado aún de jaquecas dolorosas de forma ocasional, realizó diversas gestiones para liberar a Speidel, llegando incluso a presentar una carta de queja a Hitler por mediación de Sepp Dietrich. Amigos y conocidos de los Rommel les informaron de la presencia de desconocidos rondando su casa y haciendo preguntas entre los vecinos.

El 7 de octubre el Generalfeldmarschall Wilhelm Keitel telefoneó a Herrligen ordenando a Rommel que acudiera el día 10 a Berlín para «una entrevista sobre su futuro». Rommel se negó, alegando no tener permiso médico para hacer viajes tan largos. Confidencialmente, comunicó a su hijo y a Aldinger que no creía que se le permitiera llegar vivo a Berlín en caso de emprender tal viaje. Rommel procuraba en todo momento hacer este tipo de comentarios cuando su esposa no estaba presente, sabiendo que vivía en un terror constante desde que Speidel fuera arrestado.

El 8 de octubre Manfred se reincorporó a su batería hasta el 14 del mismo mes. Un día antes, el 13 de octubre, Rommel recibió una llamada del cuartel general central avisándole de que al día siguiente recibiría la visita de los generales Wilhelm Burgdorf y Ernst Maisel, del estado mayor general. Burgdorf era el jefe de personal del ejército y Maisel actuaba como su adjunto. Ambos se presentaron exactamente a las doce del 14 de octubre, en un coche oficial de la Wehrmacht conducido por un chófer con uniforme de las SS. Manfred había llegado por la mañana y ya se encontraba en la casa.

Mientras se retiraba a una habitación para hablar a solas con ambos generales, Rommel le pidió a Aldinger que tuviera a punto la carpeta con los papeles: sospechaba que pensaban acusarle de negligencia de algún tipo, de modo que desde que empezó el desembarco había estado acumulando documentación sobre todas las órdenes e informes que había enviado y recibido. Aproximadamente una hora después Maisel salió de la habitación, seguido tras unos minutos por Burgdorf, y ambos salieron a esperar junto al coche. Rommel subió directamente al piso superior y entró en la habitación de su esposa, donde conversó con ella unos minutos. Frau Rommel narra que al entrar, su marido le declaró lo siguiente tras mirarla durante un rato en silencio: «Vengo a decirte adiós. Dentro de un cuarto de hora estaré muerto. Sospechan que tomé parte en el intento de asesinar a Hitler. Al parecer, mi nombre estaba en una lista hecha por Goerdeler en la que se me consideraba futuro presidente del Reich... Jamás he visto a Goerdeler... Ellos dicen que von Stülpnagel, Speidel y von Hofacker me han denunciado. Es el mismo método que emplean siempre. Les he contestado que no creía lo que decían, que tenía que ser mentira. El Führer me da a elegir entre el veneno o ser juzgado por el tribunal popular».

Luego bajó a hablar con Aldinger y su hijo, que le esperaban en el piso inferior, y les contó lo mismo. Según narraron ambos posteriormente, Rommel se mostró cada vez más decidido a medida que descartaba, con una calma absoluta, todas las demás posibilidades. Aunque afirmaba ser inocente, no contaba con salir con vida en caso de enfrentarse a un juicio. El teléfono estaba cortado, con lo que no cabía pedir auxilio a alguna unidad militar cercana. Las calles (según le habían dicho Burgdorf y Maiser) estaban cortadas por patrullas de las SS, y todo el armamento disponible eran las pistolas de Rommel y Aldinger, con muy poca munición disponible. Además, le habían amenazado con tomar represalias radicales contra su familia y todos los miembros de su estado mayor, más sus familias respectivas, si no se suicidaba. La otra condición era que todo el asunto debía mantenerse en secreto. Nadie podía saber que su muerte era un suicidio ordenado. Si sus parientes o amigos hablaban, serían juzgados y ejecutados por traición. «Ante todo, debo pensar en mi esposa y en Manfred...».

Una vez tomada su decisión, se despidió de todos, tomó su gorra y su bastón de mariscal y subió al coche donde le esperaban Burgdorf y Maisel. Según declararon posteriormente tanto Maisel como Dose, el chófer, se dirigieron por la carretera en dirección a Ulm durante unos minutos. Luego Burgdorf les ordenó parar en el arcén y salir ambos a caminar por la carretera, alejándose del coche, mientras él se quedaba dentro con el mariscal. Al cabo de unos minutos Burgdorf salió también y les llamó. Al acercarse, declararon haber visto a Rommel encorvado y tendido en el asiento trasero, con la gorra y el bastón de mariscal en el suelo del vehículo, en los últimos estertores de su agonía.



 
Funeral de Rommel.

Media hora después de su marcha, Aldinger recibió una llamada notificándole que Rommel había sufrido un derrame cerebral que le causó la muerte. El cuerpo fue llevado al hospital de Ulm, donde se prohibió terminantemente que se realizara la autopsia requerida por la ley. Tras el velatorio, el cadáver fue incinerado y las cenizas enterradas en Herrlingen tras un funeral de estado el 18 de octubre y la declaración de un día de luto nacional. Von Rundstedt, que había sido destituido de su cargo por contradecir la opinión de Hitler y de quien todos sabían que detestaba al partido nazi, pronunció una elegía fúnebre en la que afirmó que Rommel estaba «imbuido de los principios del nacionalsocialismo, motor de todos sus actos», y que «su corazón pertenecía al Führer». Durante la misma no miró ni una sola vez a la viuda ni a Manfred, se equivocó y tartamudeó varias veces, y una vez finalizada abandonó el lugar sin asistir a la cremación. Ruge, que no conocía la verdad, declaró más tarde que el comportamiento de von Rundstedt fue el primer indicio que tuvo de que la muerte de Rommel no había sido natural, aunque el propio von Rundstedt ha negado tal cosa, afirmando que de haberlo sabido, se habría negado en redondo a hacer tal espectáculo.

Llegaron notas de pésame de todas partes de Alemania, con dos curiosas excepciones: Keitel y Jodl. Ninguno de los dos envió el pésame a la viuda ni hizo acto de presencia en el funeral. Himmler hizo llegar a Frau Rommel una nota en la que declaraba conocer los detalles de la muerte de su marido y afirmaba estar totalmente horrorizado por lo ocurrido, añadiendo que nunca se habría prestado a algo semejante.

Burgdorf murió durante la caída de Berlin. Maisel sobrevivió a la guerra, sufrió el correspondiente juicio de desnazificación y quedó en libertad en 1949. Durante el juicio declaró la realidad de la muerte de Rommel, confirmada entonces públicamente por su viuda, su hijo y Aldinger. Esto supuso un fuerte impacto en la opinión pública, especialmente entre los veteranos que sirvieron con Rommel. Uno de ellos, el general Hans Cramer, declaró a Desmond Young que «Me gustaría poder coger entre mis manos a ese Maisel».

Es el único miembro del Tercer Reich que tiene un museo dedicado a su persona.


Mas informacion en este escelente enlace de Wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Erwin_Rommel
« última modificación: Enero 08, 2009, 18:16:44 pm por Astil »
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« Respuesta #4 en: Diciembre 27, 2011, 18:34:40 pm »

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« Respuesta #5 en: Diciembre 27, 2011, 23:07:50 pm »

Rommel era el mejor de todos los generales que tenia Alemania en esos tiempos , si en vez de haber estado el loco de Hitler a cargo de las fuerzas armadas ubiera estado rommel la historia hoy seria muy distinta.
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Corneta

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« Respuesta #6 en: Diciembre 27, 2011, 23:10:13 pm »

En mi opinión uno de los mejores y mas grandes militares de la historia (De alemania sin ninguna sombra de duda), admirado incluso por sus enemigos, eso ya dice mucho.

Como se dijo del Cid campeador, que buen vasayo si hubiera tenido un buen señor...
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« Respuesta #7 en: Febrero 17, 2012, 10:49:15 am »

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« Respuesta #8 en: Febrero 17, 2012, 11:06:34 am »

Sin duda,uno de los militares mas grandes que ha dado la historia con diferencia :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0
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Rommel

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« Respuesta #9 en: Abril 15, 2012, 21:20:14 pm »

Gracias por escribir mi historia Astil je je. Ya en serio, muy buen trabajo. :¬0 Pedazo de videos!!!!!
« última modificación: Abril 15, 2012, 21:28:14 pm por Rommel »
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« Respuesta #10 en: Abril 19, 2012, 22:32:23 pm »

soberbio hilo y muy bien documentado. :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0
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« Respuesta #11 en: Abril 21, 2012, 23:13:38 pm »

Me alegro de que os guste  8p}
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« Respuesta #13 en: Junio 15, 2012, 15:44:57 pm »

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Re:ROMMEL
« Respuesta #14 en: Junio 15, 2012, 17:40:57 pm »

Muy interesante. La vida de Rommel siempre me ha parecido muy atractiva. De hecho, incluso tengo "un Rommel" en mi colección de figuras a 1/6. Es el único general o personaje real "alemán" que tengo.
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