Qué maravilla de fotos, te ha quedado genial.....
no le falta un detalle.....

en cuanto al resto de fotos.... uno no se cansa de ver tanta belleza, equilibrio, buen gusto, esta gente sabía combinar los colores y hacer las cosas bien. Mi mujer, que odia la miliaria, me dijo una vez que sacaba el doman de primer imperio que qué azules tan bellos combinados con el rojo....
dichosa época en la que el valor se unía a la estética
Napoleón I, cuya carrera fue una especie de duelo contra la Europa entera,
desaprobaba los lances de honor entre los oficiales de su ejército. El gran emperador militar
no era un espadachín y tenía bien poco respeto por las tradiciones.
Sin embargo, la historia de un duelo, que adquirió caracteres legendarios en el
ejército, corre a través de la epopeya de las guerras imperiales. Ante la sorpresa y la
admiración de sus compañeros de armas, dos oficiales —como dos artistas dementes
empeñados en dorar el oro o teñir una azucena- prosiguieron una lucha privada en medio de
la universal contienda.
Eran oficiales de caballería, y su contacto con el brioso y altivo animal
que conduce a los hombres a la batalla parece particularmente apropiado al caso. Seria difícil
imaginar como héroes de esta leyenda a dos oficiales de infantería, por ejemplo, cuya fantasía
se encuentra embotada por las marchas excesivas, y cuyo valor ha de ser lógicamente de una
naturaleza —más laboriosa. En cuanto a los artilleros e ingenieros, cuya mente se conserva
serena gracias a una dieta de matemáticas, es simplemente imposible imaginarlos en
semejante trance.
Se llamaban estos oficiales Feraud y D'Hubert, y ambos eran tenientes de un
regimiento de húsares, aunque no del mismo destacamento......
Con aire marcial y abundante tintinear de espuelas y sables, avanzó rápidamente por
las calles. Detener a un compañero en un salón donde no era conocido, no lo incomodaba en
lo más mínimo.
El uniforme es un pasaporte. Su situación como oficier d'ordonnance del
general le añadía aplomo. Además, ahora que sabía dónde encontrar al teniente Feraud, no le
quedaba otra alternativa. Era asunto de servicio...
Joseph Conrad
Los Duelistas