Ah!, coleccionista, esa sensibilidad minoritaria y algo maniaca que, ligada al sufrimiento y a la pasión, consiste en el insaciable gesto de acumular cosas, generalmente de una misma clase, en nuestro caso de militaría.
Gracias a nosotros, los coleccionistas de militaría, los objetos históricos que de otra forma habrían acabado arramblados y oxidados en desvanes y trasteros en el mejor de los casos, o a lo peor reciclados, cobran protagonismo y en algunas ocasiones afortunadas forman parte principal de la decoración de nuestras casas.
Ya os he comentado que el despacho en el que estoy es como mi santa santorum donde me refugio y miro con gran satisfacción mis pequeños trofeos, capacetes, espadas, dagas alemanas, conseguidos después de tan paciente y laboriosa búsqueda y por qué no decirlo, estudio. Me evocan tiempos de heroísmo y dicha. No sé si los coleccionistas tenemos algo de fetichista, como los reducidores de cabezas de las Islas Salomón, que se sentían con la fuerza del guerrero al que habían abatido y cuya cabeza guardaban como trofeo.
Definitivamente creo que el coleccionista de militaría tiene un ramalazo romántico e idealista que echa para atrás. Cuántas horas en los museos, delante de las páginas de militaría y los libros de historia…
Cuando estoy con mis piezas, presa de una alegría extraña, no dejo de pensar dónde pudieron estar y quién las pudo utilizar… algunos dicen que somos lo que acumulamos. Si es así, no me avergüenzo. Creo que todos admiramos las gestas de los que usaron esos parches, fotografías, medallas, cascos, armas etc… ya fueran de un bando u otro.
Las piezas del XVII y XVIII , declive de nuestro imperio, me repiten el famoso poema de Miré los muros de Quevedo:
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Entiendo perfectamente cada uno de vuestros comentarios, los he leído con regocijo y comprensión. Yo también tengo fondos reservados fuera de los inquisidores ojos de la parienta..si no me sería imposible seguir con el pequeño vicio-afición de la militaría.
Llevo más de 20 años con esto y aunque con la parienta ya no puedo ir al ritmo que iba, no creo que lo deje. Me produce momentos de inenarrable felicidad….ahora los peques y la parienta están acostados y me muevo a mis anchas por estos mundillos de la militaría… Lo más triste es cuando vendes un pikelhauel y se convierte en una tostadora y una manga pastelera.
Cuando estaba soltero cometí “locuras” de las que no me arrepiento, corazonadas seguidas que una mente juiciosa habría rechazado de inmediato, pero que luego salieron bien. Las mejores piezas que tengo, debo confesar que son producto de momentos de inspiración y osadía como mi querida daga SS, de la guardia pretoriana de Hitler, al igual que la tuvieron Napoleón y César… , la espada el XVII que tengo en el salón…o el morrión del XVI.
Pero debo reconocer que estando soltero, al final , me tenía que auto controlar, y llevar contabilidad para no gastar cada año más, que era lo que sucedía. Ahora con 2 pequeñajos, una casa etc…ya no puedo permitirme esas alegrías. Podía haber terminado como los hermanos Collyer.

Inquietante la historia de los hermanos Collyer:
Su historia es de las más increíbles que se puedan relatar. Acumuladores compulsivos, llegaron a juntar casi 200 toneladas de diverso material en su casa de 4 pisos en el cruce entre la Quinta Avenida y la calle 128 en Harlem, Manhattan.
http://es.wikipedia.org/wiki/Hermanos_Collyerhttp://resolviendolaincognita.blogspot.com/2008/10/los-hermanos-collyer-la-obsesin-que-los.htmlTras leer la historia habréis pensado que tienen el síndrome de Diógenes, pero el caso de los Collyer es tan peculiar que tienen un síndrome con su mismo nombre. Muchas publicaciones dicen que sufrían un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
Efectivamente, el tema está muy bien puesto, esa extraña enfermedad…pero nadie es perfecto…
Bueno no me enrollo más que me parece que me he pasado.
