Puede que esté equivocado, e incluso me extienda un tanto en la exposición, pero creo merecerá la pena:
Con respecto a los bordados, hubo sastrerías que nunca los realizaron, confeccionando sólo las gorras y colocando emblemas y estrellas metálicos SIEMPRE. Ejemplo: MARAÑÉS.
En tiempos todavía hoy no muy lejanos a nuestros días, el pequeño comercio (ése que las grandes superficies intentan desde hace años tumbar, y que malamente subsisten…) entre ellos,los del ramo conocido como de Efectos (o artículos) Militares, de “cuando había ejército” y su presencia incluso llegaba a modestas localidades españolas (aunque fuera –o fuese- un simple polvorín),además de mismo propietario que regentaba el negocio, era bastante habitual que, en nómina, el establecimiento tuviera –o tuviese- incluso hasta dos dependientes (o dependientas).
Paralelamente, era así mismo habitual que si el establecimiento de Efectos Militares era de “cierto renombre o prestancia”, a la plantilla de empleados fijos se sumase un sastre o modista, encargados de exprofeso de la confección (bien completa o parcial) de indumentarias militares, y que por extensión, bien podrían incluso poseer los conocimientos para la realización de los tocados o piezas de cabeza que correspondiese a esos uniformes.
Un sastre o modista no son ni sombrereros ni gorreros, quede claro, pero…podrían tener conocimientos al respecto, o incluso tener en plantilla fija de empleados a un sombrerero (llevo un total de cuatro empleados, y quizás resulte una plantilla “muy abultada” para un pequeño establecimiento…pero en grandes ciudades como Madrid o Barcelona se daba con bastante frecuencia, y no digamos ya en Pucela, donde una conocidísima tienda de efectos militares que hubo en la Calle Ferrari,¡¡hasta la misma dueña hacía de cajera!!).
Cualquier militar profesional de carrera que acudiese al establecimiento que he puesto de ficticio ejemplo, salía de él vestido de pies a cabeza, hasta el más mínimo de los detalles: condecoraciones, recompensas, emblemas de titulación, etc, etc y ¡¡como no!!…con sus preceptivos bordados allí donde fuera (o fuese) menester y….
aquí es donde quería llegar:El establecimiento era el encargado de la confección de la gorra (pongamos por ejemplo una gorra de plato) si es que en la misma tienda existía en plantilla un sombrerero o gorrero, pero en caso contrario, de no ser así, la gorra podría ser encargada por la tienda a un fabricante de toda su confianza, pidiéndole incluso no poner su personal sello estampado, si no el de la misma tienda de Efectos Militares que encargaba la confección de la gorra; es decir, como si la gorra fuese hecha en el mismo obrador o trastienda-taller del establecimiento.
Cierto es que un bordado artesanal hecho pacientemente y con tiempo, al detalle, empleando hilos de canutillo en oro o plata, y de varios calibres y espesores termina siempre por conferir al tocado de cabeza (en este caso) un valor y una prestancia que no los da un emblema metálico-plástico, por muy bien fabricados que estén. La posibilidad que PERSONALMETE, creo no se llegó a dar habitualmente en las tiendas de Efectos Militares al uso, fue disponer en plantilla de un bordador o bordadora manual…por razones más que obvias.
Gorras con bordados, fueran (o fuesen) con el emblema del Ejército de Tierra, con divisas de empleo o graduación, con elementos varios, etc., etc. siempre las ha habido pero, este tipo de piezas concretas no eran potestad del establecimiento que las fabricaba, si no más bien, de un segundo o tercero, que era realmente quien se dedicaba a bordar a mano artesanalmente, y para este tipo de pacientes menesteres, cobrando la pieza
“a cojón de oso”,

eran muy dadas determinadas congregaciones religiosas femeninas…en silencio, sin prisas, con puntadas imperfectas pero sabias….o aquellos talleres de bordadoras o modistillas (¡¡13 de diciembre, Santa Lucía!!...ellas sacaban a bailar en las verbenas

) donde las jóvenes mozas casaderas no solo aprendían a coser, si no que además, empleaban su tiempo en confeccionarse el ajuar personal, y de paso, si la responsable les estregaba un encargo de bordado militar para una tienda o un sombrerero..¡¡bienvenido era!!,por ello, Marañés (que era gorrero) y otros muchos como el ceutí, caso de los Maños Gabardós, se dedicaban a fabricar prendas de cabeza militares, no –efectivamente- a realizarles sus bordados peeero…si se les facilitaba los mismos, el resultado (¡¡en absoluto, para nada!!) desmerecía, ahora bien…hay que disponer de quien te borde, y pagarlo…claro está.

Un cordial y afectuoso saludo
Don Diego de Rojas y Pastrana