Buenas a todos,
Continuo el post para contaros mi nefasta peripecia. Si bien el tema de la pintura lo "solucione", el problema en cuestión ha mutado cual virus de la gripe

(río por no llorar...). Como ya dije, al final opté por comprar la pintura en bote, nada de spray. Solo tenía que aplicarla con pistola y finito, sin más complicaciones. Nunca había pintado con dicho artilugio y por lo tanto, no tenía este aparatejo. Pero que complicación podía tener, si es más o menos igual que pintar con spray. Por suerte, o más bien, por desgracia, mi señora suegra tenía uno apilado en el trastero, todo polvoriento. Se lo pedí y trasto en ristre, me dispuse a darle una capita de pintura a mi amado casco. La pistola estaba algo sucia, por lo cual, la limpié a duras penas con disolvente universal. Me costó lo suyo, pero finalmente, la deje más o menos en condiciones (o eso creía). Llené el biombo con la pinturita, un poquito de disolvente como me recomendó el tío de la casa de pinturas, y ale, a pintar que es gerundio. Las primeras vaporizaciones, bueno, aceptables. Eso sí, nada que ver con el spray, pero nada nada nada... Poco a poco me fui percatando de que el trasto no funcionaba en optimas condiciones. Algo pasaba. No soltaba la pintura bien vaporizada, la tiraba un poco a trompicones y cuando soltaba el gatillo, salían unos cuantos chorretazos de más. Dicen que una retirada a tiempo es una victoria, y como soy un maldito cabezón, no supe abandonar. Quizá me poseyó el espíritu del soldado que portó el casco y por eso dije "¡rendición jamás! ¡a por todas!"

Fuera de coñas, cuando me puse a pintar el interior es cuando aconteció la hecatombe. La maquinita empezó a funcionar de p*ta pena. Más que vaporizar, escupía y la pintura se acumulaba que daba gusto (o asco, como lo queráis llamar). Yo, desesperado, intenté acabar la faena cuanto antes. Y en eso que solté el gatillo y... y... en que mala hora

Una serie de CHORRAZOS volaron al interior del casco, formando un bonito lago. En fin, como os podéis imaginar, DESESPERANTE en mayúsculas y con todas las letras. Imaginaros la cara de poker se me quedó con mi amada pieza chorreante, digna de ser lanzada por el balcón en aquel mismo instante. Hasta los huevos, la deje tal cual y me fui a limpiar la pistola y aquí mi pesadilla continuó. ¿Creéis que la pintura salía con disolvente? Y yo, hasta arriba manchado de pintura, que parecía que me había puesto pinturas de camuflaje para entrar en batalla.
En fin, cosas a aprender con mi hazaña, que son las siguientes: 1. Cercioraros de que la pistola es buena, nada de baratijas. 2. Cercioraros de que NO esta EMBOZADA. Y si es así, limpiarla como toca. 3. ¡Comprar spray!

4. Que no os mire un tuerto ni se os cruce un gato negro ese día.
Moraleja: Lo barato sale caro. Ya he hecho el pedido de un botecito que, para colmo, lo he encontrado hoy. Y el casco, disolvente y a lo loco.
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