Vigil de Quiñones, como buen médico, intuye lo que años más tarde serían conocidas como las vitaminas. A tal fin, instruyó al Cabo Olivares para que con 10 soldados se acercaran al campo enemigo a requisar víveres frescos. Logrado el objetivo, ello permitió mejorar a los enfermos del beriberi al menos por algunos días.
Cierta mañana, los sitiados escucharon cañonazos al Oeste de su posición, haciéndoles pensar en la llegada de socorro. Por la noche un potente reflector les busca. La alegría invadió el corazón de todos.
A la mañana siguiente perciben un intenso tiroteo sobre la playa, pero al llegar la noche, el reflector dejó de alumbrar y el buque desde donde emitía el reflector, se alejó definitivamente.
El desconcierto y el desánimo invadió a los sitiados, teniendo que actuar el Teniente Martín Cerezo con grandes dotes oratorias para elevarles el ánimo. Lo ocurrido fue lo siguiente: El buque de guerra americano Yortown llegó a la playa con la intención de rescatar a los españoles, pues entonces también ellos eran enemigos de los filipinos al establecerse la Paz de París entre España y los EE. UU. La tropa americana desembarcada, fue copada por tropas tagalas, que parapetadas en la selva dominaban la playa. El desastre fue total. el oficial que los mandaba y 15 marines fueron muertos, obligando al resto a retirarse, alejándose el buque y dejando abandonados a los esperanzados españoles.
A partir de entonces, los tagalos deciden atacar la iglesia diariamente para agotar a los sitiados. Pero no era el ejéréito tagalo el que podría rendirlos, sino la falta de alimentos. La hambruna era tan grande, que toda hierba, ratas, caracoles o pájaros que estaban a su alcance, por repugnante que fueran, eran comidos por aquellos valientes.
A finales de mayo del 99, persistiendo los ataques, los filipinos llegan hasta las mismas paredes de la iglesia, siendo rechazados en un cuerpo a cuerpo, dejando el enemigo 17 muertos y logrando algunos heridos regresar a sus posiciones.
Los continuos ataques, cada vez mejor organizados, pretendían acabar definitivamente con el punto de resistencia español.
Pero un nuevo parlamentario llega hasta la iglesia, se identifica como el Teniente Coronel Aguilar Castañeda, perteneciente al E.M. del General de los Rios. Pequeños detalles hicieron dudar a Martín Cerezo de la autenticidad del nuevo parlamentario: su raro uniforme, sus pocos expresivos documentos de acreditación; e incluso el barco que, visible en la ensenada, aseguraban era para repatriarlos, pensaron, o creyeron ver, era un lanchón tagalo enmascarado como un barco real. Ciertamente los aparatos de observación que poseían no eran de gran calidad y para Martín Cerezo era increíble, que España hubiese abandonado Filipinas como insistentemente le decían. Esto era el factor base de su incredulidad.
Rechazados los argumentos del Teniente Coronel Aguilar, el jefe, perplejo y aburrido, hubo de retirarse sin antes decirle al Teniente: "¡Pero hombre! ¿qué tengo que hacer para que Vd. me crea, espera que venga el General Ríos en persona?" A ello le contestó el Teniente: "Si viniera, entonces sí que obedecería las órdenes".
Tras once meses de férreo sitio sin prácticamente nada que comer, el Teniente Martín Cerezo, organizó una salida nocturna que acercándolos a la costa, les permitiera montar un punto fuerte en espera del paso de algún buque en dirección a Manila; cuando todo estaba dispuesto, al releer los periódicos que le dejó el Teniente Coronel Aguilar, encontró una noticia que le dejó perplejo, y a la que sólo podía tener acceso él. La nota decía que su amigo y compañero el Teniente Francisco Díaz Navarro pasaba destinado a Málaga a petición propia. Esta noticia se la había contado en secreto el propio Díaz Navarro. Según se expresaría el mismo Martín Cerezo, "Aquella noticia fue como un rayo de luz que lo iluminara de súbito". Entonces reunió a la tropa, les relató cuál era realmente la situación y les propuso una retirada honrosa, sin pérdida de la dignidad y del honor depositado en ellos por España.
Los heróicos defensores como tropa bien disciplinada, le dijeron a su Teniente que hiciera lo que mejor le pareciera. Ante el asombro de los filipinos, vieron izar en la iglesia la bandera blanca y oír el toque de llamada. Seguidamente, hizo acto de presencia el Teniente Coronel jefe de las fuerzas sitiadoras, Simón Tersón, que escuchó a Martín Cerezo y le respondió que formulase por escrito su propuesta, añadiéndole, que podrían salir conservando sus armas hasta el límite de su jurisdicción, y luego renunciarían a ellas para evitar malos entendidos.
El escrito que entregó el Teniente Martín Cerezo decía: "En Baler a 2 de junio de 1899, reunidos jefes y oficiales españoles y filipinos, transigieron en las siguientes condiciones: Primera: Desde esta fecha quedan suspendidas las hostilidades por ambas partes. Segunda: los sitiados deponen las armas, haciendo entrega de ellas al jefe de la columna sitiadora, como también de los equipos de guerra y demás efectos del gobierno español; Tercera: La fuerza sitiada no queda como prisionera de guerra, siendo acompañada por las fuerzas republicanas a donde se encuentren fuerzas españoles o lugar seguro para poderse incorporar a ellas; Cuarta: Respetar los intereses particulares sin causar ofensa a personas".
Y así, honorablemente, dio fin tras 337 días de asedio el "Sitio de Baler". Una vez arriada la bandera, el corneta tocó atención y aquellos valientes se aprestaron a abandonar su reducto. Los Tenientes Martín Cerezo y Vigil de Quiñones, enarbolando la Bandera Española, encabezaban una formación de soldados agotados, que de tres en fondo, y con armas sobre el hombro, abandonaban el último solar español en el Pacífico, desde marzo de 1521. Le hacían pasillo soldados filipinos en posición de firmes, entre asombrados e incrédulos, sin intuir que aquellos soldados de rayadillo, serían los precursores de los otros héroes del Alcázar de Toledo y de Santa María de la Cabeza.
Al cabo de cien años de este asombroso acontecimiento, no se sabe qué valorar más; si el ofuscamiento de Martín Cerezo sobre la realidad, actitud disculpable por los numerosos engaños recibidos, o la tenacidad en cumplir fielmente y hasta el final las órdenes de defender a España en sus posiciones del Pacífico.
Una vez que los últimos de Baler se hubieron repuesto del tremendo agotamiento y con la ayuda de los filipinos, que cumplieron fielmente su compromiso, el Teniente Martín Cerezo y sus hombres hicieron el largo viaje en dirección a Manila, atravesando poblados y lugares tan conocidos como San José de Casiñán y San Fernando. No faltaron los atentados de algunos mal nacidos que fueron repelidos por los soldados tagalos que les escoltaban. Al fin llegaron a Manila el 6 de julio del 99.
Durante el viaje, al pasar por Tarlak, cuartel general del Presidente filipino, este acogió a los españoles ofreciéndoles obsequios y alojamiento. Lo que más agradeció Martín Cerezo del Presidente Emilio Aguinaldo, fue la entrega de un periódico en el que se publicaba un elogioso relato de los españoles y el Decreto, en un artículo único que decía:
"Habiéndose hecho acreedora a la admiración del mundo de las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, la constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanza de auxilio alguno, han defendido su bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares e interpretando los sentimientos del ejército de esta República, que bizarramente les ha combatido; a propuesta de mi secretario de Guerra, y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno, vengo en disponer lo siguiente: Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos; y en su consecuencia, se les proveerá, por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar a su país".
En Manila la comisión española encargada de recibirlos, los alojó en el Palacio de Santa Potenciana, antigua Capitanía General. La colonia española los colmó de homenajes y regalos. En una de las recepciones, el Teniente Martín Cerezo recibió el abrazo del Teniente Coronel Aguilar que en son de broma le dijo: "Y ahora, ¿me reconoce Ud.?". A lo que contestó el teniente "Si, señor. Y más me hubiera valido haberlo hecho entonces".
Por fin, el 29 de julio del 99 embarcaron en el vapor "Alicante" camino de España, llegando a Barcelona el 1 de septiembre, siendo recibidos por las autoridades civiles y militares. Los llamados "Los últimos de Filipinas" lo formaban 1 Teniente de Infantería, 1 Teniente médico, 2 Cabos, 1 Trompeta y 28 soldados.
Así terminó la gesta, que cerraba el ocaso de un Imperio de 400 años, defendido con el esfuerzo y la sangre de tantos españoles que dieron su cultura y su religión.
Aunque el recibimiento fue muy efectivo, Martín hubo de soportar un fuerte interrogatorio en aclaración a su actuación, durante el cual, la pregunta más repetida era: ¿Por qué no obedeció Ud. las órdenes de rendición que recibía por parte del Capitán General? A ello contestaba el oficial con un contundente: "Siempre creí que eran falsas, y nunca pensé que el ejército español se rindiera".
El Teniente Saturnino Martín Cerezo fue propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando, la que le fue concedida tras el expediente reglamentario.
En dicha condecoración fue instituida por las Cortes de Cádiz el 31 de agosto de 1811, para premiar un hecho heróico sobrehumano.
En el siglo XIX se concedieron pocas laureadas. No así en el siglo XX con las guerras de África y la de 1936-39, en la que se hizo más patente el impulso heróico de nuestra raza.
Queremos recordar la anécdota que protagonizó en Madrid el Teniente Martín Cerezo cuando vió en un escaparate una gran foto de los defensores de Baler. Entró en el local y exigió que la retiraran. "Esa foto dijo -puede herir a los que no hicieron lo mismo. Porque si lo hubieran hecho, todavía Cuba sería de España". Demostrando una vez más su recia personalidad.
El recuerdo que nos queda de los Últimos de Filipinas suele estar unido, a valorar la altura moral de cada personaje, y a la prestancia épica de su actuación. Afortunadamente, en aquella época, aún se sabía valorar en España la abnegación y el idealismo.
Por todo esto, Las Morenas, Alonso Zayas, Mártín Cerezo, Vigil de Quiñones y tantos anónimos, fueron héroes.
Los defensores de Baler consiguieron realizar dos descubrimientos de una sublime simplicidad: la resistencia en defensa de la Patria y la conformidad con los sufrimientos. Heróicas y cristianas virtudes, que por desgracia van perdiendo su importancia social.
Aún podemos aportar otro recuerdo a esta gesta. Nos referimos a cuando en octubre de 1954, con motivo de la visita del Teniente General Muñoz Grandes como Ministro del Ejército Español al Pentágono. El jefe de E.M. del Ejército Norteamericano, Ridway, recordando el heroísmo de la guarnición de Baler dijo al General Español: "La resistencia de aquella guarnición inerme y destrozada, es un ejemplo admirable de la capacidad de heroísmo y de la fuerza, de las condiciones del soldado español". añadiendo, que, recomendaba a sus oficiales, la lectura de la famosa hazaña de Baler, como símbolo de un gran espíritu.
Fuente :ENRIQUE DE LA VEGA Real Academia Sevillana de Buenas Letras..
APÉNDICE
La procedencia de cada uno de los supervivientes era la siguiente: El Capitán de las Morenas, de Chiclana (Cádiz); el Teniente Martín Cerezo, de Miajada (Cáceres); Alonso Zayas, de Puerto Rico y el Teniente médico Vigil de Quiñones era de Marbella (Málaga). Su nombre es el que da título al Hospital Militar de Sevilla. El personal de tropa se distribuía entre pueblos de Canarias, Murcia, Sevilla, Castellón, Valencia y Lérida, con dos soldados cada una, y con un solo soldado las provincias de Albacete, Zaragoza, Málaga, Orense, Mallorca, Palencia, Ávila, Granada, Castellón, Jaén, Barcelona, Huelva, Coruña, Teruel, Salamanca, Gerona, Guadalajara, Cuenca, Burgos y Lugo. Lo que puede justificar lo anteriormente dicho de que los defensores de Baler, "Ultimos de Filipinas", fueron una representación genuina de todo el pueblo español.
Mas informacion
http://es.wikipedia.org/wiki/Sitio_de_Baler