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Autor Tema: Los ultimos de Filipinas  (Leído 11206 veces)

Astil

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Los ultimos de Filipinas
« en: Septiembre 23, 2008, 10:18:59 am »

El sitio de Baler

La gesta, que cerraba el ocaso de un Imperio de 400 años, defendido con el esfuerzo y la sangre de tantos españoles que dieron su cultura y su religión.

Muchos españoles que han sido protagonistas por distintas cualidades, permanecen hoy en el anonimato, ignorados por la mayoría de los españoles, como ha ocurrido con aquellos que sin buscar oro, ni vanidades, se conformaron en servir a la patria, sin más recompensa que el deber cumplido en cuanto a ejemplaridad, y de ahí el mensaje que transmitieron, los que han sido llamados los últimos de Filipinas.

La primera expedición destinada al descubrimiento del Archipiélago filipino se remonta a 1518, y es en ella donde se comienza a aplicar la observación astronómica en la navegación.

El portugués Fernando de Magallanes, propone a la Corona española navegar a lo largo del Continente recién descubierto, hasta encontrar el paso hacia Oriente.

Carlos I, entusiasmado por el éxito de esta expedición, pone al servicio de Magallanes, cinco naves y 230 hombres que salen de Sevilla el 10 de agosto de 1519.

Tras una serie de calamidades, llega al Archipiélago en marzo de 1520, desembarcando en la Isla de Butuan. Una de las cinco naves, la "Victoria", mandada por Juan Sebastián Elcano, es la única que regresa a España llegando a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522, con sólo 18 tripulantes. Magallanes muere en el Archipiélago víctima de las intrigas de ciertos jefes indígenas.

Posteriormente, Legazpi, en nombre de la Corona española va ocupando sucesivas islas, y funda en 1571 la ciudad de Manila, haciendo extensivo el nombre de Filipinas a todo el Archipiélago en honor del Rey Felipe II.

Veamos brevemente lo ocurrido con motivo de la independencia de aquellas tierras, y más concretamente lo que se conoce como Sitio de Baler.

Un levantamiento como el que estalló allí, en agosto de 1896, sólo es atribuido a diferentes causas, y se puede considerar dentro del modelo típico de insurrección colonial.

El sentimiento separatista venía gestándose desde tiempos atrás, fundamentalmente, por la deficiente administración colonial española, agudizada por la inestabilidad política de la España isabelina, y el apoyo norteamericano a dichos movimientos separatistas, encabezado por el rebelde Datto Utto. Estas rebeldías fueron resueltas en principio por el entonces Capitán General de Filipinas en 1886, el sevillano, General Terrero Perinat, pero no pudo evitar que algunas sociedades secretas se encargaran de canalizar el descontento hacia acciones revolucionarias.

El ejército en Filipinas estaba compuesto en su mayoría por indígenas, excepto los mandos. Cuando comienzan las deserciones, aquel ejército ve sus filas reducidas, y al adversario más fuerte y peligroso.

A partir de 1890, el nacionalismo filipino fue tomando gran auge. Los más radicales, encabezados por Andrés Bonifacio, fundan Katipunan, que significaba en español "Suprema y Venerable Asociación de los Hijos del Pueblo", y lo constituían una sociedad eminentemente revolucionaria, adaptada al ideario indígena, cuya finalidad era luchar con métodos violentos contra el régimen español. La influencia del Katipunan, fue decisiva en la sublevación tagala.

La revolución da comienzo en agosto de 1896. Era a la sazón Capitán General de las islas D. Ramón Blanco, Marqués de Peña Plata. El primer combate serio se llevó a cabo en Malbón y triunfaron los sublevados.

Ante el cariz de los acontecimientos, el Capitán General Blanco, telegrafía el 29 de agosto de 1896 al Ministro de la Guerra, pidiéndole mil hombres y permiso para crear un Batallón de Voluntarios.

Entre los meses de septiembre y diciembre se extiende la insurrección sin que el General Blanco pudiera hacerla retroceder. Ante esta situación, el Gobierno de Madrid sustituye al mando de Filipinas y lo entrega al General D. Camilo Polavieja, que toma posesión el día 13 de diciembre de 1896.

Los éxitos y los fracasos cambian de mano continuamente aunque los españoles llevan la iniciativa. Con la toma de Noveleta queda toda la costa y caminos, desde Manila a Cavite, en poder de los españoles. Polavieja, que tiene rodeados a los rebeldes en los pueblos altos de Cavite, pide refuerzos a Madrid. Ante la negativa de Cánovas, que no lo considera necesario, el general presenta la dimisión alegando problemas de salud.

Le sustituye el General D. Fernando Primo de Rivera, que toma el mando en abril de 1897. Nombrado por un gobierno que le había negado los refuerzos a Polavieja, tuvo que buscar nuevas fórmulas que no necesitaran refuerzos de la Península. A los pocos días de su llegada, Primo de Rivera tras conquistar algunos pueblos de la provincia de Cavite, comienza a aplicar lo que sería llamado "Política de atracción". Tras el asesinato de Cánovas en agosto de este año, el gobierno de Sagasta confirma a Primo de Rivera en el cargo. Por fin, a través de una serie de negociaciones, se llega al convenio conocido como la "Paz de Biacnabato", en diciembre de 1897, que obligó a exiliarse al general filipino Emilio Aguinaldo en la colonia inglesa de Hong-Kong. Pero en marzo de 1898 estalla la guerra entre España y EE.UU. y el 1 de mayo, Dewey, comodoro de la escuadra norteamericana, destruye a la española.

A partir de entonces los norteamericanos ayudan a los filipinos y ofrecen al general Aguinaldo volver a Filipinas en condiciones de generalísimo.

Finalmente, el gobierno español envía a Manila al General de División Diego de los Rios, para que se haga cargo de los restos de la Capitanía General y resuelva la liberación de los prisioneros españoles, que alcanzaban la cifra de 9000 personas. El general envía emisarios a Aguinaldo y le propone una entrevista para resolver la cuestión. Pero la ruptura de hostilidades entre americanos y filipinos obligó al General Ríos, a tomar la decisión de infiltrar personas de su confianza en el campo revolucionario.

Pero esto ya es la historia de la independencia de Filipinas, que no pensamos abordar. Nos limitaremos al Sitio de Baler.

El 27 de junio de 1898, da comienzo la sublevación en la zona que abarcaba la comandancia militar de Baler, situada en lo que era provincia de Nueva Écija, comprendía parte de la costa oriental de la isla de Luzón. El contrabando de armas para la insurrección en aquellas playas provocó que, el Comandante Militar Capitán D. Antonio López Irizarri, solicitara refuerzos, ya que la guarnición normal de Baler, eran un cabo y cuatro guardias civiles. Fruto de aquellas gestiones fue, la llegada de 50 hombres al mando del Teniente José Mota. Pero una noche, con motivo de la declaración de guerra entre EE.UU. y España, estando descuidado el servicio de vigilancia, fue atacado y destruido el destacamento.

En vista de ello, pasados unos meses, llegaban a Baler en vapor "Compañía de Filipinas", el Capitán de Infantería Enrique de las Morenas y los Tenientes Juan Alfonso Zayas y Saturnino Martín Cerezo, así como el Teniente médico provisional, Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro, con una enfermería de diez camas. Además se reintegraba a su destino el párroco del pueblo, Fray Cándido Gómez Carreño, que había estado prisionero de los tagalos, y a los que dijo le dejaran ir a convencer a los españóles que se rindiesen.

El destacamento constaba de 55 hombres pertenecientes al Batallón de Cazadores nº 2. Cuando se inician los combates, son tan numerosos los adversarios, que se hace casi imposible el enfrentamiento. Ante esta situación, el capitán de las Morenas, acuerda refugiarse con su tropa en la iglesia del pueblo, edificio de más fuerte construcción, donde almacenaron víveres y municiones, y abrieron un pozo, que al principio dio resultado. Es entonces cuando comienza el definitivo Sitio, que significaba, que la España colonizadora y misionera quedaba representada por media compañía de infantería, constituida casualmente por individuos de casi todas las regiones de España.

El asedio se intensifica y también se endurece el régimen interior de la tropa a consecuencia de la actitud del Cabo González y un soldado, que protestaban y se negaban a comer carne de carabao, especie de búfalo, que utilizado como animal de arrastre, proporcionaba carne y leche.

Pronto se comprobó como la escasez de alimentos frescos, hacían enfermar de la mortal enfermedad del beriberi, consistente en la inflamación de los nervios periféricos. La base de la alimentación era de arroz descacarillado, debido a que el avituallamiento que realizaron antes de encerrarse en la iglesia, fue principalmente el dc 4500 kg. de "Pelay", que era un arroz autóctono del Archipiélago.

Aunque el médico Vigil de Quiñones había conseguido construir una pequeña huerta próxima a la iglesia, plantando pimientos, tomates y calabazas silvestres, el estrago mortífero del beriberi no se hizo esperar. En pocos meses fallecieron además de algunos soldados, el Capitán Enrique de las Morenas, el Capellán Fray Gómez Carreño y el 2º Teniente Alonso Zayas. Todos fueron enterrados en la propia iglesia.

Llegada la Navidad de 1898, se estimó conveniente celebrar la festividad. A pesar de las difíciles circunstancias en que vivían, se festejó la Nochebuena con el rezo de algunas oraciones, un improvisado concierto de villancicos, y una "opípara cena", a base de habichuelas picadas revueltas con arroz en manteca rancia, y como postre, un plato de calabazas endulzadas y café de puchero.

A finales de año un parlamentario filipino pidió lugar y fecha para celebrar un parlamento con el jefe español.

Aunque fue señalado el día y la hora, llegado el momento, nadie se presentó convenciendo una vez más a los españoles de que eran estratagemas para debilitarles la moral.

El 14 de enero de 1899 la trompeta de los filipinos toca a parlamento. El Teniente Martín Cerezo sube a la torre de la iglesia y observa a lo lejos un hombre portando bandera blanca.

Avanzó el paisano identificándose como el Capitán español olmedo Calvo, y asegurando traer noticias del Capitán General.

Aunque sus deseos eran entregar un documento personalmente al Capitán de las Morenas, el Teniente Martín Cerezo que no quiere dar a conocer la muerte del Capitán, le responde que el Capitán no puede salir y que él le entregaría el documento. A ello accede el parlamentario. El escrito decía: "Habiéndose firmado el Tratado de Paz entre España y los EE.UU. y habiendo sido cedida la soberanía de estas Islas a la última nación citada, se servirá Ud. evacuar la plaza, trayéndose el armamento, municiones y las arcas del tesoro, ciñéndose a las instrucciones verbales que de mi orden le dará el Capitán de Infantería D. Miguel de Olmedo Calvo. Dios guarde a Ud. muchos años. Manila, 1 de febrero de 1899. Diego de los Ríos".

Pero dado el castigo psicológico al que se encontraba sometido el ánimo del Teniente Martín Cerezo, por el prolongado sitio, y haber sido engañado en varias ocasiones, aquel escrito le produjo más desconfianza que esperanza. En primer lugar, figuraba la frase "las arcas del tesoro". ¿Cómo era posible que la superioridad le exigiera esa entrega, cuando tenía que saber la pobreza en la que se encontraba?. Otra duda era, que el escrito no llevaba la numeración oficial de todo documento clasificado. Por último, que el parlamentario llegaba de paisano siendo oficial y hubiese preguntado al Teniente si era el Capitán de las Morenas, tras haber alegado ser condiscípulo suyo en la academia. Todas estas dudas comentadas con el Teniente médico Vigil de Quiñones hicieron que Martín Cerezo no hiciera caso del documento y diera continuidad a la resistencia.

Tras siete meses de encierro se intensifica el agotamiento y la desesperanza, traduciéndose en alguna deserción entre los más pusilánimes. En realidad desertaron seis españoles y dos indígenas pudiendo evitarse otras deserciones al ser detenidos antes de que la realizaran. Los tres fueron juzgados de acuerdo con el Código de Justicia Militar, y aunque la pena que le correspondía era la de fusilamiento, el Teniente Martín Cerezo determinó encerrarlos en la habitación que correspondía al baptisterio, asegurándolos con grilletes.

Tras este amargo suceso, otro nuevo fue motivo de alegría, al comprobarse como unos carabaos, bovinos de las región, pastaban próximos a la iglesia. Pronto cazaron uno y en pocas horas estuvo incluso cocinado.

Llevaban varios meses sin comer carne, y en tres días dieron fin al bovino, no sin que la mayoría sufriera un cólico. Era lamentable el no poder conservar la carne, ante la falta de sal y en un clima tropical.

Para hacer más comestible el arroz autoctono, se continuó descascarillándolo, cometiéndose un grave error, entonces comprensible, al desconocerse que la cascarilla contenía la vitamina B, que no sería descubierta hasta 14 años más tarde.

Los intentos de asalto de los filipinos eran intermitentes. El 30 de marzo de 1899 se produjo uno muy fuerte con denso fuego de fusilería e incluso algunos disparos de cañón de 75mm. que aunque no hacían mella en los gruesos muros de la iglesia resultaban peligrosos cuando entraba un proyectil por un hueco de ventana.

A este respecto hemos de recordar lo ocurrido, al decidir el Teniente Martín Cerezo utilizar uno de los cañones que encontró dentro de la iglesia. Aunque sólo era un tubo de cañón de avancarga, decidió utilizarlo. Para ello, reunió pólvora suficiente de los cartuchos de fusil y de las bengalas. Colocó el tubo en un hueco que hizo en el muro, amarrando fuertemente la culata a una de las vigas del techo. Por medio de una mecha que colocó en el oído del cañón y tras cargar la recámara con la pólvora y muchas piedras, le dio fuego. Se produjo el disparo, pero al retroceso, el cañón hizo de péndulo, rompiendo algunas tejas del techo y chocando violentamente contra el muro de la iglesia. Comprendiendo, que los resultados eran poco eficaces y muchos los trastornos ocasionados, suspendió el fuego de cañón.

A los 282 días de sitio, se acabaron los últimos restos de arroz, las habichuelas y el rancio tocino, pero los heróicos defensores de Baler continuaron en sus puestos, manteniendo la resistencia al estar convencidos que defendían territorio español. En vista de ello, los sitiadores hicieron más violentos los ataques, intentando incluso incendiar la iglesia.

La actividad del Teniente médico es increíble. Enfermo de beriberi, incluso herido, se hacía trasladar en un sillón, allí donde su presencia es necesaria para ayudar a su compañero, jefe de la posición.
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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #1 en: Septiembre 23, 2008, 10:19:58 am »

Vigil de Quiñones, como buen médico, intuye lo que años más tarde serían conocidas como las vitaminas. A tal fin, instruyó al Cabo Olivares para que con 10 soldados se acercaran al campo enemigo a requisar víveres frescos. Logrado el objetivo, ello permitió mejorar a los enfermos del beriberi al menos por algunos días.

Cierta mañana, los sitiados escucharon cañonazos al Oeste de su posición, haciéndoles pensar en la llegada de socorro. Por la noche un potente reflector les busca. La alegría invadió el corazón de todos.

A la mañana siguiente perciben un intenso tiroteo sobre la playa, pero al llegar la noche, el reflector dejó de alumbrar y el buque desde donde emitía el reflector, se alejó definitivamente.

El desconcierto y el desánimo invadió a los sitiados, teniendo que actuar el Teniente Martín Cerezo con grandes dotes oratorias para elevarles el ánimo. Lo ocurrido fue lo siguiente: El buque de guerra americano Yortown llegó a la playa con la intención de rescatar a los españoles, pues entonces también ellos eran enemigos de los filipinos al establecerse la Paz de París entre España y los EE. UU. La tropa americana desembarcada, fue copada por tropas tagalas, que parapetadas en la selva dominaban la playa. El desastre fue total. el oficial que los mandaba y 15 marines fueron muertos, obligando al resto a retirarse, alejándose el buque y dejando abandonados a los esperanzados españoles.

A partir de entonces, los tagalos deciden atacar la iglesia diariamente para agotar a los sitiados. Pero no era el ejéréito tagalo el que podría rendirlos, sino la falta de alimentos. La hambruna era tan grande, que toda hierba, ratas, caracoles o pájaros que estaban a su alcance, por repugnante que fueran, eran comidos por aquellos valientes.

A finales de mayo del 99, persistiendo los ataques, los filipinos llegan hasta las mismas paredes de la iglesia, siendo rechazados en un cuerpo a cuerpo, dejando el enemigo 17 muertos y logrando algunos heridos regresar a sus posiciones.

Los continuos ataques, cada vez mejor organizados, pretendían acabar definitivamente con el punto de resistencia español.

Pero un nuevo parlamentario llega hasta la iglesia, se identifica como el Teniente Coronel Aguilar Castañeda, perteneciente al E.M. del General de los Rios. Pequeños detalles hicieron dudar a Martín Cerezo de la autenticidad del nuevo parlamentario: su raro uniforme, sus pocos expresivos documentos de acreditación; e incluso el barco que, visible en la ensenada, aseguraban era para repatriarlos, pensaron, o creyeron ver, era un lanchón tagalo enmascarado como un barco real. Ciertamente los aparatos de observación que poseían no eran de gran calidad y para Martín Cerezo era increíble, que España hubiese abandonado Filipinas como insistentemente le decían. Esto era el factor base de su incredulidad.

Rechazados los argumentos del Teniente Coronel Aguilar, el jefe, perplejo y aburrido, hubo de retirarse sin antes decirle al Teniente: "¡Pero hombre! ¿qué tengo que hacer para que Vd. me crea, espera que venga el General Ríos en persona?" A ello le contestó el Teniente: "Si viniera, entonces sí que obedecería las órdenes".

Tras once meses de férreo sitio sin prácticamente nada que comer, el Teniente Martín Cerezo, organizó una salida nocturna que acercándolos a la costa, les permitiera montar un punto fuerte en espera del paso de algún buque en dirección a Manila; cuando todo estaba dispuesto, al releer los periódicos que le dejó el Teniente Coronel Aguilar, encontró una noticia que le dejó perplejo, y a la que sólo podía tener acceso él. La nota decía que su amigo y compañero el Teniente Francisco Díaz Navarro pasaba destinado a Málaga a petición propia. Esta noticia se la había contado en secreto el propio Díaz Navarro. Según se expresaría el mismo Martín Cerezo, "Aquella noticia fue como un rayo de luz que lo iluminara de súbito". Entonces reunió a la tropa, les relató cuál era realmente la situación y les propuso una retirada honrosa, sin pérdida de la dignidad y del honor depositado en ellos por España.

Los heróicos defensores como tropa bien disciplinada, le dijeron a su Teniente que hiciera lo que mejor le pareciera. Ante el asombro de los filipinos, vieron izar en la iglesia la bandera blanca y oír el toque de llamada. Seguidamente, hizo acto de presencia el Teniente Coronel jefe de las fuerzas sitiadoras, Simón Tersón, que escuchó a Martín Cerezo y le respondió que formulase por escrito su propuesta, añadiéndole, que podrían salir conservando sus armas hasta el límite de su jurisdicción, y luego renunciarían a ellas para evitar malos entendidos.

El escrito que entregó el Teniente Martín Cerezo decía: "En Baler a 2 de junio de 1899, reunidos jefes y oficiales españoles y filipinos, transigieron en las siguientes condiciones: Primera: Desde esta fecha quedan suspendidas las hostilidades por ambas partes. Segunda: los sitiados deponen las armas, haciendo entrega de ellas al jefe de la columna sitiadora, como también de los equipos de guerra y demás efectos del gobierno español; Tercera: La fuerza sitiada no queda como prisionera de guerra, siendo acompañada por las fuerzas republicanas a donde se encuentren fuerzas españoles o lugar seguro para poderse incorporar a ellas; Cuarta: Respetar los intereses particulares sin causar ofensa a personas".

Y así, honorablemente, dio fin tras 337 días de asedio el "Sitio de Baler". Una vez arriada la bandera, el corneta tocó atención y aquellos valientes se aprestaron a abandonar su reducto. Los Tenientes Martín Cerezo y Vigil de Quiñones, enarbolando la Bandera Española, encabezaban una formación de soldados agotados, que de tres en fondo, y con armas sobre el hombro, abandonaban el último solar español en el Pacífico, desde marzo de 1521. Le hacían pasillo soldados filipinos en posición de firmes, entre asombrados e incrédulos, sin intuir que aquellos soldados de rayadillo, serían los precursores de los otros héroes del Alcázar de Toledo y de Santa María de la Cabeza.

Al cabo de cien años de este asombroso acontecimiento, no se sabe qué valorar más; si el ofuscamiento de Martín Cerezo sobre la realidad, actitud disculpable por los numerosos engaños recibidos, o la tenacidad en cumplir fielmente y hasta el final las órdenes de defender a España en sus posiciones del Pacífico.

Una vez que los últimos de Baler se hubieron repuesto del tremendo agotamiento y con la ayuda de los filipinos, que cumplieron fielmente su compromiso, el Teniente Martín Cerezo y sus hombres hicieron el largo viaje en dirección a Manila, atravesando poblados y lugares tan conocidos como San José de Casiñán y San Fernando. No faltaron los atentados de algunos mal nacidos que fueron repelidos por los soldados tagalos que les escoltaban. Al fin llegaron a Manila el 6 de julio del 99.

Durante el viaje, al pasar por Tarlak, cuartel general del Presidente filipino, este acogió a los españoles ofreciéndoles obsequios y alojamiento. Lo que más agradeció Martín Cerezo del Presidente Emilio Aguinaldo, fue la entrega de un periódico en el que se publicaba un elogioso relato de los españoles y el Decreto, en un artículo único que decía:

"Habiéndose hecho acreedora a la admiración del mundo de las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, la constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanza de auxilio alguno, han defendido su bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares e interpretando los sentimientos del ejército de esta República, que bizarramente les ha combatido; a propuesta de mi secretario de Guerra, y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno, vengo en disponer lo siguiente: Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos; y en su consecuencia, se les proveerá, por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar a su país".

En Manila la comisión española encargada de recibirlos, los alojó en el Palacio de Santa Potenciana, antigua Capitanía General. La colonia española los colmó de homenajes y regalos. En una de las recepciones, el Teniente Martín Cerezo recibió el abrazo del Teniente Coronel Aguilar que en son de broma le dijo: "Y ahora, ¿me reconoce Ud.?". A lo que contestó el teniente "Si, señor. Y más me hubiera valido haberlo hecho entonces".

Por fin, el 29 de julio del 99 embarcaron en el vapor "Alicante" camino de España, llegando a Barcelona el 1 de septiembre, siendo recibidos por las autoridades civiles y militares. Los llamados "Los últimos de Filipinas" lo formaban 1 Teniente de Infantería, 1 Teniente médico, 2 Cabos, 1 Trompeta y 28 soldados.

Así terminó la gesta, que cerraba el ocaso de un Imperio de 400 años, defendido con el esfuerzo y la sangre de tantos españoles que dieron su cultura y su religión.

Aunque el recibimiento fue muy efectivo, Martín hubo de soportar un fuerte interrogatorio en aclaración a su actuación, durante el cual, la pregunta más repetida era: ¿Por qué no obedeció Ud. las órdenes de rendición que recibía por parte del Capitán General? A ello contestaba el oficial con un contundente: "Siempre creí que eran falsas, y nunca pensé que el ejército español se rindiera".

El Teniente Saturnino Martín Cerezo fue propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando, la que le fue concedida tras el expediente reglamentario.

En dicha condecoración fue instituida por las Cortes de Cádiz el 31 de agosto de 1811, para premiar un hecho heróico sobrehumano.

En el siglo XIX se concedieron pocas laureadas. No así en el siglo XX con las guerras de África y la de 1936-39, en la que se hizo más patente el impulso heróico de nuestra raza.

Queremos recordar la anécdota que protagonizó en Madrid el Teniente Martín Cerezo cuando vió en un escaparate una gran foto de los defensores de Baler. Entró en el local y exigió que la retiraran. "Esa foto dijo -puede herir a los que no hicieron lo mismo. Porque si lo hubieran hecho, todavía Cuba sería de España". Demostrando una vez más su recia personalidad.

El recuerdo que nos queda de los Últimos de Filipinas suele estar unido, a valorar la altura moral de cada personaje, y a la prestancia épica de su actuación. Afortunadamente, en aquella época, aún se sabía valorar en España la abnegación y el idealismo.

Por todo esto, Las Morenas, Alonso Zayas, Mártín Cerezo, Vigil de Quiñones y tantos anónimos, fueron héroes.

Los defensores de Baler consiguieron realizar dos descubrimientos de una sublime simplicidad: la resistencia en defensa de la Patria y la conformidad con los sufrimientos. Heróicas y cristianas virtudes, que por desgracia van perdiendo su importancia social.

Aún podemos aportar otro recuerdo a esta gesta. Nos referimos a cuando en octubre de 1954, con motivo de la visita del Teniente General Muñoz Grandes como Ministro del Ejército Español al Pentágono. El jefe de E.M. del Ejército Norteamericano, Ridway, recordando el heroísmo de la guarnición de Baler dijo al General Español: "La resistencia de aquella guarnición inerme y destrozada, es un ejemplo admirable de la capacidad de heroísmo y de la fuerza, de las condiciones del soldado español". añadiendo, que, recomendaba a sus oficiales, la lectura de la famosa hazaña de Baler, como símbolo de un gran espíritu.

Fuente :ENRIQUE DE LA VEGA Real Academia Sevillana de Buenas Letras..


APÉNDICE

La procedencia de cada uno de los supervivientes era la siguiente: El Capitán de las Morenas, de Chiclana (Cádiz); el Teniente Martín Cerezo, de Miajada (Cáceres); Alonso Zayas, de Puerto Rico y el Teniente médico Vigil de Quiñones era de Marbella (Málaga). Su nombre es el que da título al Hospital Militar de Sevilla. El personal de tropa se distribuía entre pueblos de Canarias, Murcia, Sevilla, Castellón, Valencia y Lérida, con dos soldados cada una, y con un solo soldado las provincias de Albacete, Zaragoza, Málaga, Orense, Mallorca, Palencia, Ávila, Granada, Castellón, Jaén, Barcelona, Huelva, Coruña, Teruel, Salamanca, Gerona, Guadalajara, Cuenca, Burgos y Lugo. Lo que puede justificar lo anteriormente dicho de que los defensores de Baler, "Ultimos de Filipinas", fueron una representación genuina de todo el pueblo español.

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TRESPADERNE

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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #2 en: Septiembre 23, 2008, 20:40:13 pm »

Con dos c*****s !!.
Si en vez de españoles hubieran sido americanos hoy serian heroes nacionales reconocidos por todos, como son españoles...pues eso.
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igueriben

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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #3 en: Octubre 02, 2008, 14:48:26 pm »

en españa no se les reconose pero en filipinas en baler hay una placa queles da reconosimiento y honrra en muy pocas guerras se consigue esta admiracion por el enemio mayor que en su propio pais por el cual pasaron tantas penalidades y sufrimientos . aunque no biene al cuento despues en afganistan dicen que los españoles no luchamos
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Vicente

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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #4 en: Mayo 10, 2009, 20:44:52 pm »

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« última modificación: Abril 05, 2012, 00:31:06 am por Vicente »
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Rubio

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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #5 en: Mayo 10, 2009, 20:55:28 pm »

La verdad es que es un grupo muy bien logrado y además único en España, y he sido afortunado de verlos en dos ocasiones en acción, en Expohistorica y en Torrent, como bien comenta Vicente  ;)

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tito

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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #6 en: Mayo 10, 2009, 21:27:59 pm »

Contais con todo mi respeto y apoyo. De paso, podías contarnos algunas cosas sobre aquella gesta
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Capazo

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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #7 en: Mayo 10, 2009, 21:28:49 pm »

Excelente historia que aunque ya la conocía no está de mal volverla a leer y recordar tan heroico hecho de armas del Ejército Español.

A ustedes los vi en Castellón en Expohistórica, y hablé con uno de vosotros. Realmente me alegré de veros con el ralladillo. Yo iba vestido de paracaidista británico y de vietnam al día siguiente.
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chorry1

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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #8 en: Mayo 12, 2009, 12:55:03 pm »

Muchísima gente joven desconoce esta gesta. No hace mucho que hablando con una joven licenciada en historia me dijo que no tenía ni idea de esa gesta. Sin comentarios.
Mi más sincero apoyo a "Los Rayadillos".
Saludos.
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Astil

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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #9 en: Mayo 12, 2009, 18:37:49 pm »

Pues con pequeños gestos como el de este foro, que no se olvide a estos españoles ni su gesta.

Y animo a los Rayadillos :¬0
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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #10 en: Julio 27, 2010, 20:07:43 pm »

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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #11 en: Julio 27, 2010, 20:34:43 pm »

Hay una pagina de un americano llamado Bill Combos (espero no haberme equivocado al escribirlo) que tiene una coleccion sobre el ejercito español en cuba, puerto rico y filipinas llamada "los rayadillos"
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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #12 en: Julio 27, 2010, 20:49:52 pm »

Hay una pagina de un americano llamado Bill Combos (espero no haberme equivocado al escribirlo) que tiene una coleccion sobre el ejercito español en cuba, puerto rico y filipinas llamada "los rayadillos"

Aqui su pagina en Facebooks

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Re: Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #13 en: Julio 27, 2010, 22:43:31 pm »

Martín Cerezo escribió un libro sobre los hechos de Baler,el cual llego a ser lectura obligatoria en West Point.
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Sale de la guerra, paz; de la paz, abundancia; de la abundancia, ocio; del ocio, vicio; del vicio, guerra.
Francisco de Quevedo.(1580-1645).

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MENCEY

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Re:Los ultimos de Filipinas
« Respuesta #14 en: Noviembre 01, 2011, 17:57:45 pm »

Hoy es sabido que los defensores de Baler no ¨¨ fueron los ultimos¨¨ en Filipinas, quedaron miles de soldados Españoles prisioneros de los Tagalos que tras sufrir cautiverio regreson despues que el destacamento del Segundo de Cazadores que defendio Baler.

Menos sabido es el del destino de los soldados Filipinos que siguieron siendo fieles a España incluso despues de perdida la guerra y las Filipinas.La rebelion indigena contra España habia partido de la etnia Tagala, mayoritaria y predominante, pero no unica en Filipinas.Entre las etnias minoritarias se contraban los Macabebes, de la provincia de Pampanga, en  el centro de Luzon.Los Macabebes, enemigos  de los Tagalos anscentralmente, se habian caracterizado siempre por su  lealtad a España.

Entre los  Macababes de la  Pampanga recluto el Coronel de Voluntarios Eugenio Blanco, un terrateniente Filipino de absoluta fidelidad a España, un Tercio de  Voluntarios que al contrario que el resto(las unidades de milicias indigenas se pasaron a los rebeldes  desde que fueron armados, ya Blanco haba advertido que era un inmenso  error armar a los Tagalos.Era tal fidelidad de  Blanco que  el propio Capitan General le confio la vida de su mujer e hijas al comenzar la guerra sacandolas de Manila)siguio fiel hasta el final.Ocurre la derrota y el Tratado de Paris, España pierde Filipinas pero conserva las Marianas ( menos Guam), las Carolinas y las Palaos.

En febrero de 1899 se comienza la tarea de reorganizar los jirones  que quedan.El  Gobierno General de las Marianas, desde siempre  en Guam, pasa a Saipan.El Coronel Blanco y sus hombres habian quedado prisioneros de los Americanos despues  de la caida de Manila, querian seguir sirviendo  bajo bandera Española por lo que se decidio que los Voluntarios Macabebes constituirian la nueva  guarnicion de las Marianas y las Carolinas.La  realidad era  que los archipielagos eran insostenibles sin las Filipinas y en secreto se estaba negociando su  venta a Alemania, acuerdo firmado en secreto a la par que se tomaban estas medidas.

A Blanco se le nombra Gobernador de las Marianas , embarca en el vapor Elcano el 2 de mayo de 1899 rumbo a Saipan con 300 de  sus hombres y sus familias ( en total mas de 700 personas).El 13 de junio la prensa de Madrid filtra el preacuerdo de venta de los archipielagos por 25 millones de pesetas a Alemania, se hace publico oficialmente el 24 y se  firma definitivamente el 30.El acuerdo fija un plazo de menos de 3 meses para que España entregue la administracion y repatrie sus fuerzas, se plantea el problema de que hacer con las tropas de Blanco.

Para los 3 paises interesados, España, los EEUU, y Alemania, la mejor solucion es que los Macabebes pasen a servir al Imperio Aleman.España se quita el problema de que hacer con  ellos, los EEUU tambien si vuelven a Filipinas, y los germanos estan muy interesados en contar con esos veteranos para guarnecer sus nuevos territorios.Los Macabebes piensan distinto o sirven bajo la bandera de España o  bajo ningua, piden que se les repatrie a  la  Peninsula como el resto de fuerzas españolas, pero solo se accede en el caso de los oficiales.

El 26 de septiembre, despues de entregar el gobierno de las Marianas a  Alemania, parten hacia Manila en  el transporte Alava los voluntarios Macababes, a los que se les deben cerca de dos años de paga , aun tardaran en cobrar, ya en 1900, ante las protestas de Blanco, se siente maltratado y engañado, cuando  se le ordena partir para las Marianas  hacia mas de 2 meses que estaba decidido abandonar y vendar a los Alemanes.El futuro de sus hombres en Filipinas no es halagueño, son considerados traidores por los Tagalos, una vez alli el gobierno Español se desentiende de ellos y son abandonados a su suerte.

 Ya en España,  el gobierno intenta contentar a Blanco con honores  y prebendas personales y solo lo humilla mas, ya que es un caballero a la antigua usanza, su lealtad es con la Patria, pero tambien con sus hombres.Para taparle la boca anuncia que se le va a  conceder la Gran Cruz del Merito  Militar  pensionada y la de Maria  Cristina, olvidandose  que ya las tiene por meritos de guerra.Ninguneado y afrentado, decide volver a  Filipinas con los oficiales que le acompañaron a los seis meses, a reconstruir sus vidas, casa y haciendas, destruidas por los Tagalos como represalia a su lealtad con España.

Asi, con un alto de total mezquindad para los ultimos soldados leales Filipinos, acabo  el Imperio Español en Asia y Oceania.
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