Buenas noches foreros. ¿Alguna vez habéis pensado a quién pudieron pertenecer los objetos que tanto queremos y cuidamos?
No puedo evitar esta noche, con un whisky en la mano, relataros lo que me pasó en este mundillo de la militaría con un humilde casco M35, allá por 1988. Lo que os cuento es absolutamente cierto y lo tengo bastante grabado en mi memoria. A lo mejor, después de eso me echáis del foro.
Todos le llamaban el Mago. Entablé amistad con él en tercero de carrera aunque algún hola y adiós se cruzaba de vez en cuando en los pasillos ya desde segundo. Su aspecto respondía al que reflejaba a su protagonista William Somerset Maugham en su obra El Mago.
Para Somerset los magos, y en concreto los satanistas, son personas tendentes a la obesidad, de complexión fuerte pero no fofa. Nuestro amigo era así, tenía unos ojos verdes inquietantes y su conversación era despierta y ágil. Uno no se cansaba de ella, tal vez lo facilitaba la aridez de los temas de estudio. Ahora mismo no sabría decir que son más irreales si los Espacios de Banach o sus historias. Fue capaz de terminar algunas rimas del Rubaiyat de Omar Khaayam para gran intranquilidad mía.
Nos relataba sus experiencias con la Ouija, los 7 niveles de espíritus por arriba, los buenos y por debajo, los malos. Siempre se le solían aparecer los inferiores, en alguna ocasión el mismísimo Belcebú. Yo nunca he practicado este tipo de cosas ni he tenido ninguna relación con este mundo salvo con este compañero de carrera.
No sabíamos si era un impostor o que todo lo que nos contaba le había sucedido realmente.. Parecía mentira que en una carrera de ciencias, en concreto en una ingeniería, pudiera haber semejantes personajes. Alquilaba garajes para sus prácticas pero el mal rollo, según él lo acompañaba hasta casa.
En los descansos de las clases, su mente divagaba entre viajes astrales y culturas milenarias.
En las vísperas de un examen de estadística, tuve la ocurrencia de llevar conmigo el casco nazi M35 que os comento, típico de combate, muy currado, original. Era de color verde oscuro, de camuflaje, sin calcas, tamaño bastante grande, un ET66, tenía muchas marcas y arañazos, sobre todo en la parte superior, lo que hace suponer que fue arrastrado entre escombros muchas veces. También las tripas eran inquietantes, tenían un nombre parecido a Menzel escrito a lápiz casi borrado por completo, uno no sabría decir si original o posguerra. El trazado era nervioso y las letras agudas como se escribía antiguamente. Lo que más llamaba la atención del cuero eran unas manchas que pudieran ser sangre ya oscurecidas, en la zona de la nuca, que resaltaban sobre el cuero cuarteado. La verdad es que ese casco parecía siniestro.
Me lo llevé a la Escuela para enseñarlo a los amigos y alguien tuvo la brillante idea de meterlo en el maletero de un coche y poner a prueba al Mago. Íbamos a hacer unas fotocopias de problemas de estadística en una copistería que estaba situada en unos bajos de Moncloa. Al Mago también le quedaba la Estadística y se apuntó al milagro de la multiplicación de los panes y peces. Por supuesto para que el experimento o la gracia resultaran bien, ninguno de nosotros le comentamos nada sobre el contenido del maletero.
El Mago se apuntó a la expedición y se subió al coche. Fue nada más subirse y arrancar y empezar a mirar a los alrededores. Se le veía inquieto, miraba debajo de los asientos y en la guantera. Nosotros a penas podíamos contener la risa. Luego nos miró a los otros 4 ocupantes del vehículo, sonriendo de la forma especial en que lo hacía, directamente a los ojos y quedamente, preguntando a continuación: “aquí en el coche hay algo que tiene muy mal rollo”. Se nos pusieron los pelos como escarpias y por supuesto se nos pasaron las ganas de reír. El Mago prosiguió: “aquí hay algo de alguien que ha odiado y pasado miedo hasta la locura”, “si el odio y el miedo pudieran beberse como el veneno, el dueño del objeto o sus huesos o lo que haya aquí, ha bebido frascos enteros”. “¿qué coño habéis traído”?.
Cuando llegamos al bajo de Moncloa, nuestro amigo estaba muy alterado. El dueño del coche abrió el maletero y le enseñó el contenido. El Mago recuperó la compostura y nos dijo que ese casco había pertenecido a una persona convertida en bestia y que seguían en él las malas vibraciones del propietario. Que traía muy mal rollo y aconsejaba a su insensato propietario que se deshiciera de él lo antes posible.
Lo cogió con las manos y se puso a meditar con los ojos cerrados. Luego nos dijo que percibía una nuca blanca con una mancha roja, sangre, arañas, sapos, alaridos y un hombre al que el odio y el miedo le atravesaban el corazón en una noche muy oscura y fría. Alguien muerto boca abajo. Se trataba, según él, de un objeto maldito. Realmente fue una representación de lo más dramática e impactante.
Yo era bastante escéptico hasta entonces pero todo lo sucedido me impresionó hondamente. Lo que no cabía duda fue la adivinación del casco en el coche y las parrafadas que soltó que no podían ser improvisadas así como así.
Los cinco calabaceamos el examen de estadística y en cuanto pude vendí el casco.
Acepto todos vuestros comentarios y coñas. Buenas noches.