Las palabras "egon", "arretaz" y "egunari" nada tienen de especial. Así, en frío, fuera de contexto, sólo son tres de las muchas que integran el diccionario vasco. Y, sin embargo, juntas forman una frase que tuvo una relevancia histórica tan sorprendente como desconocida. «Egon arretaz egunari» fue la frase que el 1 de agosto de 1942 abrió la batalla de Guadalcanal, que enfrentó a estadounidenses y japoneses en el Pacífico durante más de seis meses.
el vasco , junto a otros idiomas como el navajo, el iroqués y el comanche, fue clave para la victoria del Ejército de Estados Unidos en esa batalla. El artífice de un sistema que combinaba todas esas lenguas, utilizando una cada día de las semana, fue el capitán del cuerpo de transmisiones Frank D. Carranza, hijo de emigrantes vascos, que se percató de que había 60 marines en el cuerpo de origen vasco que hablaban vasco e inglés.
El vasco, como los otros idiomas que se utilizaron posteriormente, tenía una clara ventaja ante los eficaces sistemas para descifrar mensajes que poseía el Ejército nipón: era desconocido para ellos y poniendo marines bilingües a ambos lados de la comunicación, el proceso era muy rápido y vivo ya que ni siquiera había que escribir.
El almirante de la flota del Pacífico, Nimitz, se rodeó de tres oficiales vascos : Nemesio Aguirre, Fernández Bakaikoa y Juanna.
El sistema de comunicaciones volvía locos a los japoneses: los lunes se usaba el vasco; los martes, el navajo; los miércoles, el iroqués; los jueves, el comanche; los viernes, el vasco; el sábado, un poco de todo, y el domingo, repetía el navajo.
Siete díasdespués de ser utilizado por primera vez, la frase en vasco «segarra erragiza zazpi» («operación manzana a las siete»), desató la célebre batalla para sorpresa de los japoneses, que no pudieron interpretar ninguno de los mensajes que los marines se mandaban entre ellos.
Según recoge el historiador Danie Arasa, durante la batalla de Guadalcanal se creó un argot codificado en vasco para dar diferentes instrucciones. Así, «arreta zuhaitzari» era utilizado para avisar de que había enemigos ocultos en las copas de los árboles y «egalari lagundu» para que se informase a la aviación.
El capitán de marines Franc D. Carranza, nacido en México de padres vizcaínos, sugirió la idea. Este oficial sentía mucho sus nuevos colores y fue el primero que plantó la bandera de las barras y estrellas en Hendaia tras la Liberación. En mayo de 1942, seis meses después de Pearl Harbor, estaba destinado en el campo de entrenamiento de San Francisco. Allí se topó con sesenta marines de origen vasco de la quinta de 1923, «que hablaban un mal castellano, un regular inglés y un buen vascuence». Se trataba de descendientes de los pastores que emigraron al sudoeste de Estados Unidos, llegados de Idaho, Nevada, California, Oregón y Montana. Propuso a sus superiores llevarlos al Signal Corps Unit de San Diego, donde se entrenaban los nativos que iban a convertirse en code-talkers, los locutores de radio que transmitían los mensajes codificados. Después de dos siglos de exterminio, algunas tribus quedaron tan diezmadas que no resultaba rentable utilizarlas en comunicaciones: sólo había siete cibecua en edad militar. En la guerra bien pudo haber desaparecido esta nación india, pero gracias a que eran invulnerables a las balas por los amuletos que les proporcionaron sus chamanes, regresaron todos indemnes a la reserva tras cuatro años de lucha.
Las autoridades militares presentaron ciertas reticencias ante el euskara. Habían aceptado utilizar lenguas indígenas como el oswego y el iroqués en la certeza de que los japoneses nunca encontrarían a nadie que conociese esos idiomas. El caso del euskara resultaba menos claro. Temían que pudiesen traducirlo por dos vías. Por un lado, sospechaban que algún nipón repatriado de Perú que hubiese trabajado para una familia vasca pudiese conocerlo o que algún catecúmeno o converso de los misioneros euskaldunes también lo comprendiese. En segundo lugar, en el noviciado de Hiroshima residía el padre Arrupe y 35 jesuitas y la colonia vasca en Filipinas y China contaba con cientos de miembros. Si los japoneses identificaban la lengua, podrían forzarles a servir como traductores o quizá algún vasco de Falange Exterior lo hiciera de buen grado.
Con el fin de dilucidar la cuestión, radiaron mensajes falsos o inocuos para comprobar si el mando japonés identificaba la lengua. Cuando se comprobó que el Mikado seguía en la inopia, dieron carta blanca a la operación. Desde el verano de 1942 se utilizó el euskara para comunicarse con los convoyes que llevaban pertrechos a Hawai y Australia, objetivo de los submarinos japoneses. El vascuence se usaba en los mensajes de lunes y viernes, los demás días se radiaba en oswego, iroqués, navajo y jerga shaishai. También los contactos entre la metrópolis y la flota del Pacífico se hacían en esa lengua. Los code-talkers emitían desde San Diego y en la escuadra del almirante Nimitz, los tenientes Nemesio Aguirre, Junana y Fernández Bacaicoa hacían la traducción al inglés.
Para la crucial campaña de Guadalcanal, la primera operación ofensiva contra unos japoneses hasta ese momento imparables, se eligió el euskara. El trasvase de información entre California, el almirante Nimitz y las fuerzas desembarcadas se realizó en esta lengua. La batalla se inició la madrugada del 7 de agosto de 1942 con la orden cifrada «Sagarna eragintza zazpi» (Operación Manzana 7). Fue una carnicería que duró seis meses, hasta febrero del año siguiente. En esta isla, además de los code-talkers, lucharon otros vascos como Ramón de la Sota y Pedro Zubieta.