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Autor Tema: LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.  (Leído 258851 veces)

Astil

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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #165 en: Diciembre 07, 2013, 00:36:09 am »

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Para ganar la guerra , hacen falta tres cosas, oro, oro y mas oro. Napoleon

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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #166 en: Diciembre 28, 2013, 19:51:48 pm »



Interesante foto ,el premio ansiado por este piloto que ve realizado su sueño por su valor,la calidad de la foto realza aún más el impresionante estilo y estética de estos uniformes ,no igualado incluso en nuestros dias,en belleza y calidad de construcción ,tanto  en uniforme como en insignias.
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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #167 en: Diciembre 28, 2013, 20:32:00 pm »

¿Por que Marseille se convirtió en mi piloto favorito ?.

Ademas de ser todo un AS,morir invicto y ser el piloto más virtuoso de la luftwaffe,mezcla en su personalidad dos aspectos muy distintos.

En primer lugar ser antinazi:

"Marseille era la antítesis del oficial alemán típico. Anti nazi, anti-racista, humanísta y abiertamente irreverente hacia sus superiores con los que no estaban de acuerdo, se convirtió en héroe nacional más improbable de Alemania. Su historia es una mecla  de agitar las emociones, la controversia y el heroísmo enigmática, y lo dice a los hombres y mujeres que lo conocían".

En su persona existia el personaje de  doctor jekyll y mister hyde, por un lado oficial aleman y por otro lado amante de la música prohibida en su momento como el blues  y el jazz,el buen beber y su gusto por las mujeres,

Esto es lo que me llama la atención y me acerca en parte a el ,cosa que muchos conocidos no entienden en mi persona,por un lado amante de la disciplina el orden y mi aficción a los uniformes alemanes y por otra parte como algunos sabeis como guitarrista de rock duro.

Aqui os dejo un interesante artículo ,sobre este piloto:

 
Hans-Joachim Marseille, as de caza alemán

Guardar  La vida de Hans-Joachim Marseille, el “14 amarillo”, por el número pintado en el fuselaje de su aeroplano, no fue muy larga —murió a los 22 años—, pero sí fulgurante y duró lo suficiente para que el joven piloto alemán de apellido francés (descendiente de hugonotes) se convirtiera en una leyenda de la aviación. En su gran día, el 1 de septiembre de 1942, a los mandos de su Messerschmitt Me-109, derribó la friolera de 17 cazas enemigos, ocho de ellos en la misma acción, con intervalos de minutos.

Traducir a números la gran aventura aérea de “la estrella de África”, como se le denominó por el escenario principal de sus acciones, Libia y Egipto, en los cielos sobre las dunas, es absurdamente reduccionista. En las estadísticas no caben el miedo y la emoción salvaje de la guerra en el aire, los gritos de los aviadores que se abrasan, el vértigo al desplomarse tu aeroplano abatido del firmamento. Pero hay que reconocer que los números de Marseille son espectaculares: 158 derribos, un promedio de tres por combate.

Su extravagante personalidad acrecentó su mito. Desobediente, insubordinado, bohemio, auténtico James Dean de la Luftwaffe, rebelde sin causa del aire, era un imposible soldado que ignoraba la disciplina, las convenciones y las normas. Llevaba el pelo largo, su uniforme era un desastre incluso para los relajados estándares del Afrika Korps (se presentó con botas de faena el día que Hitler le entregó la Cruz de Caballero; al menos no iba con shorts y su famosa sombrilla de colores), se escapaba de la base y, chico muy atractivo, andaba siempre metido en líos de faldas. Entre sus conquistas figuran muchas actrices de la época, la cantante Nilla Pizzi, que le dedicó Rumba azul, y ¡Leni Riefenstahl!

Sostenía que el alcohol ayudaba a luchar en el aire. Una vez aterrizó con su caza en una autopista alemana para correr tras un árbol bajándose los pantalones por una llamada de la naturaleza (en la película que se le dedicó en 1957, La estrella de África, flojita, se convierte pudorosamente el episodio en un problema de orientación). Cuando Mussolini le impuso la mayor condecoración al valor italiana, le comentó a Ciano (yerno del líder fascista) si no le parecía que el Duce se creía muy importante. En una ocasión, en presencia de Hitler y el propio mariscal del Reich, preguntó en voz alta si Goering era gay.

Buen pianista y amante del blues y el jazz, género prohibido en la nueva Alemania nazi, le pidieron que tocara en una recepción a la que había acudido toda la jerarquía del III Reich y tras interpretar a Beethoven se lanzó a un tema jazzístico para horror de todos los presentes. Hitler se retiró en el acto, irritado. A otro lo hubieran enviado a Rusia o a Dachau. Marseille incluso era, contraviniendo las leyes raciales, amigo de un negro.

Su carisma, su prestigio como piloto y su aparente candor lo protegían. Parecía el chico ideal, un caramelo para la propaganda de Goebbels. Pero un nazi como Axman sintetizó perfectamente las dificultades para manipular su imagen: “Marseille es el modelo perfecto para la juventud alemana, hasta que abre la boca”.

Tenía un punto desarmante, aunque eso es difícil que lo apreciaran los numerosos pilotos aliados a los que mató. Es cierto que ellos también lo hubieran matado a él de haber podido y que él lo hizo, matarlos, respetando siempre las leyes de la guerra. Marseille fue incluso más allá. Varias veces sobrevoló aeródromos enemigos para arrojar notas indicando dónde había derribado a un piloto, para que acudieran a rescatarlo o recuperar su cuerpo. En una memorable ocasión, voló junto al avión al que acababa de disparar acompañando al piloto herido hasta que este pudo aterrizar.

Una nueva biografía de Marseille —The star of Africa, de Colin D. Heaton y Anne-Marie Lewis (Zeith Press, 2012)— nos muestra a un Marseille abiertamente antinazi, que rehusó hacerse miembro del partido y al que le torturaba la suerte de los judíos.Jovencito con problemas familiares, sus inicios en la aviación militar fueron poco prometedores. Todos sus mandos trataron de meterlo en cintura hasta que se daban por vencidos. Incluso Steinhoff, el guapo as que se enfrentó a Goering y que quedó deformado al estrellarse con su reactor al final de la guerra (¡qué hubiera hecho Marseille con un reactor!), fracasó en disciplinarlo. Marseille solía birlarle el coche y regresaba a la base ebrio y acompañado de chicas a medio vestir…

Su carrera estuvo a punto de irse al traste. Pero sus jefes siempre acababan viendo algo en él. Aunque al principio —durante la batalla de Inglaterra— se lanzaba tan alocadamente al combate que regresaba con el avión hecho un colador. Desobedecía las órdenes y violaba las estrictas reglas de la aviación de caza alemana experimentando nuevas formas de luchar y volar.

Llegó el día en África en que todo lo que había aprendido se manifestó exponencialmente y el as irrepetible eclosionó en los cielos como una estrella abrasadora. Convertido en némesis de los Hurricanes y P-40 Tomahawks, sus presas favoritas, comenzó a contar derribos múltiples que engrosaban la cuenta pintada en su timón de cola.

El peso de la guerra y el impacto de ver a tantos como él convertidos en espirales de fuego, además de la muerte de su querida hermana Inge asesinada por un amante celoso, ensombrecieron al joven. El destino le reservaba morir invencible. Como Faetón, como Ícaro, no cayó por mano del hombre (o ametralladora de Spitfire). Los hados se le presentaron el 30 de septiembre de 1942 en forma de humo negro que inundó su cabina por un fallo del motor. Medio asfixiado, incapaz de ver, Marseille abrió la carlinga y colocó el avión boca abajo en la maniobra estándar para saltar. Pero al abandonar el avión golpeó con el pecho contra el alerón de cola y sus camaradas de escuadrilla observaron horrorizados cómo el as se precipitaba como una piedra sin abrir su paracaídas: 450 metros hasta dar de cara contra el desierto.

Le imagino caer con todos sus sueños, pesares y victorias. Dejando atrás la pureza azul del cielo de África para fundirse con la arena áspera y caliente. Y siento que en ese último momento, meteorito de carne y hueso, bello ángel abatido en la soberbia de su vuelo, Marseille, la estrella fugaz de África, está más cerca que nunca.

Pues en honor a el ,aqui os dejo mi otra faceta, saludos 8p} 8p},



« última modificación: Diciembre 28, 2013, 20:44:42 pm por ROMA.. »
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CANTONAL

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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #168 en: Diciembre 28, 2013, 22:01:50 pm »

 ;D ;D  8p} 8p} 8p} 8p} 8p} 8p} 8p} 8p} :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0 :¬0
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"Resulta más vergonzoso desconfiar de nuestros amigos, que ser engañados por ellos."
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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #169 en: Enero 11, 2014, 00:43:49 am »

Gracias amigo Cantonal,

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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #170 en: Enero 11, 2014, 01:10:25 am »

MARSEILLE (12)

Rommel no estaba decidido a proseguir su avance dejando tras de sí el fuerte de Bir Hacheim intacto,y por ello solicitó

del jefe de la aviación alemana en Africa,general Hoffmann von Waldau,que se efectuasen diariamente ataques los más

grandes posibles con stukas,contra el fuerte del desierto.

El enemigo sabía perfectamente la importancia de aquello y el vicemariscal del aire Cuningham atacó,con unas escuadrillas

de caza,bomardeo y caza bombardeo de la Western Desert Air Force,a las unidades alemanas en tierra y aire.

La escuadra de stukas nº 3,del teniente coronel Sigel sufrió graves perdidas,durante una semana de operaciones contra

Bir Hacheim,perdió catorce aviones JU87,pero lo peor era que el efecto conseguido por el bombardeo se desperdiciaba

al no producirse ataques terrestres a continuiación de la caída de las bombas.

Contra la opinión de sus propios comandantes,Rommel se decidió a incrementar la acción  aérea contra Bir Hacheim.

El general Von Waldau se dirigió a Kesserling y le dijo que debido a la falta de coordinación,las operaciones de los Stukas,

eran prácticamente ineficaces y fuente de lamentables perdidas.

Keseerling salió en avión para entrevistarse con Rommel,y le dijo que las cosas no podían continuar así,Rommel dispuso

el empleo contra el fuerte del regimiento antiaéreo num.135,que en los últimos días había desbaratado eficazmente los

ataques ingleses con tanques,,contra el flanco oriental alemán.

Como quiera que no bastase aquello,tuvo que traer de su vanguardia septentrional,a varios grupos de combate que lanzó

contra aquella condenada madriguera,por fín la ofensiva fue ganado terreno.

El nueve de Junio,catorce días despues de la ofensiva germano-italiana,los Stukas seguían operando contra el

fuerte,varios impactos dieron en un importante emplazamiento artillero dos kilmetros al norte del fuerte.

Al anochecer Waldau le dijo a Rommel,hasta hoy se han efectuado mil treinta salidas de aviones en su apoyo,ademas

para el día siguiente 10  de Junio,estaba previsto un triple ataque con todas las unidades de bombardeo disponibles.

Kesserlin ordenó que los grupos de JU88,de la escuadra de instrucción nº 1,situados en Grecia y Creta operasen

en apoyo der las fuerzas alemanas.

El polvo y la bruma sobre el campo de batalla,hicieron suspender las operaciones aéreas de apoyo,ya que los pilotos

alemanes no podían distinguir entre amigo y enemigo.

A medio día y un poco despues los Stukas volvieron de nuevo,lo hicieron en doce oleadas con 124 Ju87 y 76 JU88,

esta vez los impactos fueron más precisos 140 toneladas de bombas cayeron sobre las posiciones de los bravos soldados

franceses,los zapadores e infantes alemanes avanzaban aun antes de que el polvo levantado por las explosiones cayera

de nuevo al suelo.

168 cazas Messerschmitt protegían a los aviones que bombardeaban el fuerte.

Por primera vez en aquel teatro de operaciones hicieron su aparición en escena los Spitfire,el primer teniente Marseille

derribó 4 aviones seguidos,eran sus derribos del 78 al 81.

« última modificación: Enero 11, 2014, 01:13:59 am por ROMA.. »
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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #171 en: Enero 19, 2014, 18:46:40 pm »

Interesante foto de un Oberfedwebel piloto,la calidad del uniforme a bote pronto da la sensación de ser de un oficial.

« última modificación: Marzo 07, 2014, 23:40:44 pm por Roma. »
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hans

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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #172 en: Enero 19, 2014, 19:31:24 pm »

Y del frente balcánico, lleva la placa de piloto búlgaro.
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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #173 en: Enero 19, 2014, 20:19:52 pm »

Y del frente balcánico, lleva la placa de piloto búlgaro.


 ;)
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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #174 en: Enero 19, 2014, 23:39:03 pm »

Y del frente balcánico, lleva la placa de piloto búlgaro.

Este famoso piloto lleva otra condecoración que te sonará,

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hans

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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #175 en: Enero 20, 2014, 12:46:20 pm »

Dr. Ernst Kupfer.
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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #176 en: Febrero 20, 2014, 01:18:15 am »

Erich Hartmann y el Messerschmitt Bf-109G

A medida que aumentaba la fuerza de los rusos los Jagdflieger operaban en un ambiente cada vez más denso en objetivos. Esto tenía sus inconvenientes. Si aumentaban las oportunidades de nuevas victorias, también lo hacían las de encontrarse con un caza ruso por la cola y, al cabo de dos años de guerra había ya muchos pilotos rusos competentes. El secreto del éxito era sobrevivir, pero esto no era nada fácil. Cuando dispara, el piloto de caza debe concentrarse con toda su capacidad en el blanco, ajeno al peligro que viene de atrás, que en un duelo múltiple nunca es desdeñable. Había dos maneras de hacerlo. La primera era el trabajo en equipo, volando con tres pilotos de primera clase completando la Schwann para su cobertura. La segunda era mantener la situación controlable.

Erich Hartmann sobrevivió a la guerra sin un solo rasguño, aunque fue derribado varias veces. Era un bicho raro, un guerrero nada militarista y se pasó prácticamente toda la guerra en empleos inferiores, lo que le permitía concentrarse en los asuntos cotidianos del combate aéreo y la supervivencia sin involucrarse en los problemas del alto mando. Su carrera ha sido documentada con considerable detalle y esto nos permite tener un retrato notablemente claro no sólo de su táctica y métodos, sino también de cómo se concibieron.

Erich Hartmann fue afortunado en sus influencias formativas: su madre era una tenaz aviadora que lo introdujo en el vuelo con planeadores a la edad de 14 años. Cuando a principios de 1942 aprendió a pilota el Bf 109, uno de sus instructores fue el as y antiguo campeón de acrobacia Erich Hohagen (55 victorias) que le animó a explorar las posibilidades de maniobra del avión. En octubre de 1942 se incorporó al 9/JG 52 y de nuevo tuvo suerte con sus jefes. El Kommodore Dietrich Hrabak (125 victorias) y el Kommandeur Hubertus von Bonin(77) aplicaban la disciplina en el frente con cierta elasticidad, lo que también era favorable al nada prusiano Hartmann. Con un comandante más rígido, como Karl Borris (43 victorias) del II/JG 26 su carrera hubiera podido tomar un rumbo muy diferente.

También tuvo suerte con sus primeros jefes de sección. Edmund “Paule” Rossmann (93 victorias) fue un excelente mentor para el principiante. Incapaz de obligar a maniobras extremas a su Messerschmitt por tener un brazo herido, Rossmann se vio forzado a desarrollar tácticas de acecho. Consistían en mantenerse aparte para sopesar la situación y atacar sólo con la ventaja de la sorpresa para asegurarse un blanco que no maniobrase, abriendo fuego desde larga distancia. Esto exigía un alto grado de puntería, que, por fortuna, Erich Hartmann tenía.

Frecuentemente se describe a los ases de caza como impávidos. Nada más lejos de la verdad. En su primer encuentro con un avión enemigo Ernst Udet se quedó paralizado por el miedo y fue incapaz de combatir. Pese a ello llegó a ser el máximo tanteador superviviente de la Gran Guerra con 62 victorias. Lo mismo puede decirse de Hartmann. En su primera misión con Rossmann perdió a su guía, fue dominado por el pánico y terminó aterrizando con el tren plegado al terminársele el combustible, lejos de su base. Esta humillante experiencia le enseñó a controlar el miedo.

Otros tres jefes de sección contribuyeron a formar las tácticas del as en ciernes. Ya se ha explicado la dificultad para derribar al tan protegido 11-2. Alfred Grislawski enseñó a Hartmann a apuntar al enfriador de aceite. Esto no sólo exigía una puntería de primer orden, sino también disparar a corta distancia. La primera victoria de Hartmann el 9 de noviembre de 1942 fue un Il-2, pero tuvo que pagar un alto precio. Trozos desprendidos del avión ruso dañaron al suyo obligándole a un aterrizaje sobre la panza. Los otros dos fueron Hans Dammers (113) y Josef Zwernemann (126). Como Grislawski. le enseñaron a cerrar distancias antes de abrir fuego.


El 27 de febrero de 1943 Hartmann. volando como Kacmarek de los tres citados se apuntó su segunda victoria. Poco después aparecieron dos nuevos mentores: Günther Rall, que sustituyó a von Bonin como Konimandeur. y Walter Krupinski (197 victorias, 177 en el Este). Conocido generalmente como Graff (conde) “Punski” debido a su inclinación a vivir la vida en plenitud. Krupinski habría sido un personaje notable en cualquier fuerza aérea. En el aire era un pendenciero con la costumbre de meterse en situaciones imposibles a las que sobrevivía de alguna manera. Hartmann fue impulsado a ser su Kucmarek y bajo su influjo se animó a acercarse antes de abrir fuego Fue Krupinski el que impuso a Hartmann el apodo de “Bubi” (Chico), que hizo fortuna.

Hacia finales de abril de 1943 Hartmann había alcanzado ocho victorias y era Rottenfülirer (jefe de sección). No tenía libertad para desarrollar sus propias ideas, que emergían como una amalgama de los ataques cuidadosamente meditados de Rossmann junto a “meter las narices en la cabina del enemigo” de los demás. Muchos años después de la guerra él lo describía así:

Nunca me importó mucho el duelo aéreo. Jamás lo practiqué con los rusos. Mi táctica era la sorpresa. Ganar mucha altitud y si es posible, venir desde el sol. El noventa y nueve por ciento de mis ataques fueron por sorpresa. Si tenía un éxito, me tomaba un respiro y contemplaba de nuevo la zona.

Encontrarlo (al enemigo) dependía simplemente de estar donde la acción se concentraba sobre el terreno y en la vigilancia visual. Las estaciones de tierra nos avisaban por radio de la posición del enemigo según el sistema de coordenadas de nuestras cartas, de manera que podíamos buscar en la dirección adecuada y escoger la mejor altitud para el ataque. Con cielo cubierto, yo prefería el ataque a la máxima potencia desde abajo y el sol, porque se podía divisar al enemigo desde muy lejos contra el fondo blanco del cielo nublado. El piloto que ve antes al contrario tiene ya ganada la mitad de su victoria.

El segundo paso de mi táctica era el punto de la decisión. Esto es, se ve al enemigo y se decide si o bien se le ataca inmediatamente, se espera a que mejore la situación o se maniobra para hacerla más favorable o no se ataca en absoluto. Por ejemplo, si hay que atacar al enemigo contra el sol. si no se tiene altitud suficiente, si el enemigo vuela entre nubes dispersas, se lo mantiene ala vista el tiempo suficiente para cambiar la posición respecto al sol o sobre las nubes picando para capitalizar la altitud en velocidad.

Entonces, se ataca. Da igual atrapar al rezagado o al que está fuera de la formación. Lo que importa es destruir un avión enemigo. Hay que maniobrar aprisa y con agresividad y disparar desde cerca, tanto como sea posible para asegurar el blanco y ahorrar munición. Yo les decía a mis hombres: “No apretéis el gatillo hasta que el enemigo os llene todo el parabrisas”

Por último, ruptura o retirada. Si se golpea y se rompe el contacto, piénsese en sobrevivir. Comprobar inmediatamente las seis (se refiere a las seis del reloj, esto es, la cola del avión) y retirarse. Desalojar la zona de posibles atacantes o escoger un punto de reentrada para hacerlo de nuevo, si se tiene ventaja.

Hartmann tuvo más de 800 encuentros con el enemigo en el aire y era inevitable que alguna vez fuera él mismo el blanco. Para hacer frente a esta contingencia tenía su método particular:

Vuela en derechura y pisa el pedal del timón de modo que se produzca un ligero derrape que no pueda ser advertido por el atacante. Si abre fuego, pica con g negativo a derecha o izquierda sin olvidar el timón durante toda la maniobra. Tu atacante se quedará colgado del cinturón con g negativo, incapaz de apretar el gatillo. Con esta maniobra he salvado mi vida varias veces.

 

Hasta mediados de 1943 no empezó realmente Hartmann su fulgurante carrera Al alba del 7 de julio tenía 21 victorias que al anochecer del 20 de septiembre se habían convertido en 100. Empezó su leyenda. Se suponía popularmente que volaba un Bf 109G con un corazón sangrante pintado bajo la cabina con e nombre “Usch” (su novia), pero por lo menos alguno de sus aparatos llevaba la leyenda “Dicker Max” en el corazón. Su avión suele representarse con un tulipán negro pintado en el carenado del motor. En realidad sólo voló un avión marcado de esta guisa cinco o seis veces, en Ucrania. No tuvo suerte en aquellas misiones. de modo que abandonó el emblema. Por último se da por supuesto que era conocido por los rusos como “El Diablo Negro”, variante lejana de su indicativo de llamada no militar “Karaya” (Amor) “Uno”, perfectamente conocido, por supuesto, por sus adversarios.

Las victorias de Hartmann eran continuas, en ocasiones brillantes, pero siempre regulares, una vez hubo superado su fiebre de novato. Rall, Krupinski y Barkhorn fueron todos transferidos más tarde al frente occidental, donde las misiones no eran tan numerosas y las victorias tampoco eran más difíciles de obtener. Todos estos hombres fueron heridos, lo cual los separó durante diferentes períodos en la carrera por lograr puntos.

Joven, fuerte e incansable, Hartmann voló alrededor de cuatrocientas misiones y entró en combate más de ochocientas veces antes de la terminación de la guerra. Nunca fue herido. Fue uno de los pilotos alemanes más activos. Sin embargo, sus victorias tenían origen en algo más que la exposición reiterada al combate.

Su enfoque de la artillería era diferente al de Rall, Marseille, Rudorffer y otros tiradores de la Luftwaffe. El mismo Hartmann negó absolutamente haber sido un buen tirador a larga distancia, cosa que él consideraba una forma arriesgada de atacar. Su sistema consistía en acercarse lo más posible al otro avión antes de abrir fuego, una vuelta a los métodos de von Richthofen, con cierta elaboración, Hartmann lo explica de esta forma:

Mi única táctica era esperar hasta tener la oportunidad de atacar al enemigo y entonces acercarme a gran velocidad. Abría fuego sólo cuando todo el parabrisas esta negro con el enemigo. ¡Esperar! Esperaba hasta que el enemigo cubriera mi parabrisas. Entonces no se perdía ni un solo disparo. Mientras más lejos esté el enemigo, menores serán el impacto y la penetración de los proyectiles. Con la táctica que he descripto el avión enemigo absorbe toda la fuerza de los disparos y no importa el ángulo desde el que se hagan los disparos, o si uno está girando o en cualquier otra maniobra. Cuándo todos los cañones de uno lo golpean así, ¡El enemigo se cae a tierra! Y uno ahorra municiones.

Hartmann acentúa lo importante que es para un piloto aprender a acercarse sin temor a una colisión.



Cuando uno empieza a volar en combate y se encuentra a un centenar de metros del aparato enemigo, empieza a ponerse nervioso porque está demasiado cerca. Eso es lo que se siente al principio. Con la experiencia, uno aprende que cuando está a cien metros del otro aparato, todavía está demasiado lejos. El piloto inexperto se aparta por miedo a una colisión en el aire. El piloto experimentado acerca su máquina mucho más… y cuando dispara, el otro aparato cae.

Erich Hartmann estaba enterado de las innumerables anécdotas sobre su forma de tirar que se cuentan donde quiera que se reúnan pilotos de caza. Pero siempre las rechazó y negó haber sido poseedor de habilidades tan mágicas como se le han atribuido.

“Bubi” comprobó que sus opiniones fueron confirmadas nada menos que en los Estados Unidos. Durante su entrenamiento de repaso en dicho país, se mostraron a los pilotos alemanes visitantes películas de misiones de caza exitosas de aviones norteamericanos tomadas con cámaras sincronizadas de los cañones. Hartmann comprobó que esas películas de combate no solamente confirman victorias sino también su enfoque sobre la mejor forma de disparar.

Los grandes éxitos de la Segunda Guerra Mundial, y también de Corea, eran cuando uno veía un gran avión enemigo llenando la pantalla. Entonces uno ve cómo, al disparar, son arrancados pedazos del otro avión y el aparato estalla. Todas las otras películas, tomadas desde gran distancia, muestran solamente unos pocos impactos pero no se puede ver caer el aparato enemigo. Pueden tenerse miras con computadoras o cualquier cosa que se quiera, pero creo que es necesario tener al enemigo a la menor distancia posible y dispararle a quemarropa. De cerca es seguro que se lo derriba. A gran distancia, es cuestionable.

El coronel Francis S. Gabreski, número uno entre los ases norteamericanos del teatro de operaciones europeo, creía firmemente en la táctica de Hartmann. Logró veintiocho victorias contra los alemanes y consideraba que la mira con computadora era un estorbo.

El modo de operar del Caballero Rubio no carecía de riesgos: por lo menos ocho de las dieciséis veces en que se vio obligado a aterrizar forzosamente, debido a que su avión chocó con fragmentos del avión ruso al que había hecho estallar disparándole a quemarropa. Pese a este peligro, salió de la guerra ileso.

Durante los meses siguientes fueron cayendo un ruso tras otro ante las armas de Hartmann y el 1 de julio llegó a 250, siendo el quinto y último piloto en lograrlo. Sus métodos, probados y comprobados, le fueron muy útiles en tanto que otros ases no tan cautos fueron cayendo por el camino. En marzo de 1945, con 336 victorias, fue transferido al JG 7 para volar el caza a reacción Me 262. Pero al estar el aeródromo bajo constantes ataques se limitaron los vuelos y poco después volvió al JG 52 para terminar la guerra en Rumania. Allí fue donde se encontró con los Mustangs norteamericanos: derribó siete en total pero en una ocasión quedó atrapado por ocho de ellos y se vio obligado a saltar por falta de combustible a pesar de que no había sido alcanzado.

Poco después terminó la guerra. La marca final de Erich Hartmann era de 352, de los cuales 260 eran cazas. Sólo pilotó en combate el Bf 109G del cual dejó escrito:

Era muy maniobrable y fácil de manejar. Aceleraba rápidamente, si se picaba un poco. En maniobras acrobáticas podía entrarse en barrena y salir de ella con mucha facilidad. Los únicos problemas se presentaban en el despegue. Tenía un motor muy potente y un tren de aterrizaje pequeño y estrecho de vía; si se despegaba demasiado aprisa podía dar un volquetazo de noventa grados. Se perdieron muchos pilotos en el despegue.

En los aviones de Erich Hartmann el número “1” blanco y la barra indicaban el estatus de Staffelkapitän de la primera Staffel en el II Gruppe. No solía llevar insignia de la Geschwader, sólo su marca personal, un “tulipán negro” alrededor del morro del aparato. Cuando Erich Hartmann abandonó el 9/JG 52 tuvo que dejar su insignia de escuadrilla (Staffel) “Karaya/ corazón atravesado” pero él simplemente conservó el corazón, marcado con el apodo de su prometida Ursula Paetsch “Usch” en letras góticas. El marcaje más famoso de su 9/JG 52 era el nombre de “Ursel”, un apodo alternativo para su prometida.

Fuente:foro segundaguerra.com.


« última modificación: Febrero 20, 2014, 01:30:35 am por ROMA.. »
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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #177 en: Marzo 02, 2014, 13:35:40 pm »

George Beurling ,el "Marseille" de la RAF,impresionates semejanzas,el teatro en Africa,su indisciplina y el ser el piloto mas virtuoso,un documental perfectamente recreado.





« última modificación: Octubre 11, 2014, 18:54:08 pm por ROMA. »
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DRAGONES

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Re:LA AVIACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
« Respuesta #178 en: Marzo 06, 2014, 22:43:17 pm »

Un documental estupendo y bien hecho,me ha encantado .
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DECIMO

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« Respuesta #179 en: Marzo 07, 2014, 08:32:27 am »

No conocía la historia de Erich Hartmann, pero al leerla en Wikipedia me he quedado impresionado. Sus heroicidades no acabaron con la guerra. Parece que mientras estuvo prisionero de los rusos siguió siendo todo un caballero, lo que le costó castigos, encierros y trabajos forzados. Incluso tras su liberación y posterior entrada en la fuerza aérea de la RDA se siguió oponiendo a sus superiores por no doblegarse a sus órdenes.

Todo un ejemplo de alguien consecuente con sus principios.
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