LOS ZEPPELINES 3º PARTE.
*LZ.37*
Ésa misma noche el LZ.37, comandado por el Oberleutnant von de Haegen, se le había ordenado llevar a cabo una patrulla de rutina de Ghent a Le Havre. No había nada particularmente ofensivo en el vuelo, ya que estaba destinado a darles una experiencia de primera mano a los diseñadores, especialistas y técnicos de las fábricas Zeppelin de los varios problemas experimentados por las tripulaciones en servicio activo.
El LZ.37 tenía 521 pies de largo y sus 18 bolsas de gas principales llevaban 953,000 pies cúbicos de hidrógeno. Era impulsado por cuatro nuevos motores Maybach de 210 Caballos de Fuerza y era tripulado por 28 altamente especializados hombres. Para su defensa, sus diseñadores le habían proveído de cuatro troneras con ametralladoras. Éstas posiciones tenían buena visibilidad, un amplio arco de disparo y una completa defensa a lo largo de los costados de la nave.
*Un desigual duelo de medianoche*
Después de que Warneford había volado al norte por pocos minutos, vió con sorpresa que se había topado con un Zeppelin que parecía tener media milla de largo. Tuvo que girar su cabeza de este a oeste para darse una idea de las proporciones de éste leviatán. De su vientre colgaban varias cabinas de observación y el brillo de su escape indicaba que la cubierta engomada era de un color ocre amarillento. Warneford se preguntó qué diablos mantenía a ésa cosa en el aire. Pero no había tiempo para reflexionar, las ametralladoras del Zeppelin abrieron fuego y las trazadoras pasaron a través del Morane Parasol No. 3253.
Warneford sabiamente giró y salió de su alcance. Miró a su alrededor y vió que la niebla estaba aclarando por debajo y podía ver el canal Ostend-Bruges. La gran bolsa de gas aparentemente se dirigía hacia Ghent. Las canastas de observación parecían casi del doble del tamaño del fuselaje de su parasol.
Entonces para su sorpresa, la gran bolsa de gas cambió de curso y se enfiló rugiente hacia él. Dos líneas más de trazadoras de ametralladora alemana lo golpearon desde las góndolas. Le dio toda la potencia al Le Rhone y trató de ascender, pero las trazadoras lo seguían en una definida alerta, por lo que tuvo que picar para huir. Se detuvo por unos instantes y estudió la situación, se preguntó qué pasaría si su carabina le daba a algo particularmente sensible. Después de todo, el hidrógeno se incendia.
Voló de vuelta el pequeño Morane y tomó su carabina. Maniobrando hasta un punto entre el poderoso elevador y las escaleras, sujetó la palanca entre sus rodillas y entonces, muy confiado de que no había sido visto, comenzó a disparar al su objetivo gigante; el primer clip de munición se agotó y nada había pasado delante de él.
Durante los siguientes minutos acechó al LZ.37 y descargó su carabina, aunque era como disparar a una hélice de motor con un rifle de aire. Sin embargo, cada que se acercaba a distancia de tiro de los alemanes, era rociado con ráfagas de Parabellum y vez con vez el imprudente joven inglés era retirado.
*La persecución de Warneford*
Von de Haegen hizo una jugada y arrojó el agua del lastre sobre Assebrek y dejó a Warneford viéndolo impotente a 7,000 pies de altura. Desde ahí el comandante subió su velocidad y se alejó hacia Ghent. Warneford se dio cuenta de lo que pasaba, pero se rehusó a admitir la derrota. En vez de eso, tomó asiento y mantuvo al Zeppelin a la vista y comenzó a ganar altura.
Era una carrera por la seguridad del LZ.37 y mientras Von de Haegen mantenía su altitud Warneford estaba indefenso, pero ésta no era una misión ordinaria. El comandante alemán comenzó a preocuparse por sus pasajeros importantes cuando debería haberse concentrado en mantener sus procedimientos tácticos de seguridad.
Para las 2:25 a.m. el piloto del Morane Parasol seguía acechando y tratando de llegar arriba del Zeppelin cuando vió que la gran aeronave enfilaba su nariz abajo tratando de alcanzar las nubes a 7,000 pies de altura que cubrían Ghent. Werneford había llevado su avión a unos 11,000 pies esperando llegar a una posición en que pudiera utilizar sus bombas incendiarias ya que había agotado su munición de la carabina. Ahora el LZ.37 estaba de hecho por debajo de él y por primera vez se dio cuenta que la cubierta superior estaba pintada de lo que parecía ser verde obscuro y que no había nada que pareciera una torreta que pudiera acosarle. Las otras armas estaban en las góndolas inferiores y él estaba protegido de ellas por la estructura del zeppelín.
Se veía tán grande mientras tomaba posición para aterrizar, Warneford sintió que podría aterrizar sobre él. Ghent estaba abajo, un poco al este, el Morane apuntó su nariz hacia el LZ.37.
*¡Destrucción!*
Uno…dos…tres! Contaba mientras el Morane saltaba cada que liberaba una bomba.
Werneford dijo después que él estaba esperando que el Zeppelin explotaría inmediatamente después de que su primera bomba perforara la cubierta.
Cuatro…cinco! Continuó contando, entonces una gigantesca explosion salió a través de la cubierta del panel superior, mostrando los detalles del esqueleto al exterior.
Completamente hechizado, continuó su pasada hasta que el pequeño Morane había pasado por una salvaje llamarada. Ésta lo arrojó con una violencia que lo habría catapultado fuera de la cabina si no hubiera sido por su cinturón de seguridad. Escapó a todo gas en picada mientras que pedazos de la aeronave caían a su alrededor.
Pocos segundos después, la nave siniestrada cayó en el convento de Saint Elizabeth en el suburbio Mont-Saint-Aman de Ghent. Una monja murió y varias mujeres sufrieron terribles quemaduras. Un solo tripulante del Zeppelin pudo escapar. De acuerdo a los testigos, saltó de los restos cayendo a unos 200 pies de altura y aterrizó en el techo del convento, lo atravesó como si estuviera hecho de paja y fue detenido por una cama sin ocupar. Sólo sufrió heridas menores y fue el único tripulante del LZ.37 que sobrevivió.
Al siguiente día el Rey Jorge V reconoció la victoria de Warneford al concederle la Cruz Victoria y el gobierno francés le concedió la Legión de Honor.
Inglaterra se apretó su cinturón desde ése día y tomó una vista más brillante de la amenaza de los Zeppelines. Muchos atacantes más vendrían y más devastación sería traída, pero ahora había la seguridad de que algunos jóvenes británicos montarían por los cielos y los detendrían. Muchos Zeppelines más fueron destruidos antes de que el Kaiser capitulara y muchos otros jóvenes: Leefe-Robinson, Tempest, Cadbury, Sowrey, etc… tomaron la antorcha de Warneford. Todos ésos eran grandes nombres en aquellos días.
El Teniente de Vuelo R.A.J. Warneford vivió sólo 10 días para disfrutar de los laureles de su victoria. Fue a París el 17 de junio para recibir su Legión de Honor y después de la ceremonia le fue ordenado recoger un nuevo Farman biplano en el aeródromo de Buc a las afueras de la capital francesa. La máquina era nueva –tánto que mucho de su equipo estándar no había sido instalado- pero lo más importante es que no habían cinturones de seguridad.
Un entusiasta periodista americano llamado Needham fue solicitado para acompañar a Warneford y escribir una historia sobre él y su victoria sobre el Zeppelin. Warneford aceptó gustoso, subieron al biplano y despegaron. Casi inmediatamente, por alguna razón desconocida, el Farman saltó y giró y ambos fueron arrojados en medio del aire y murieron. Así terminó la corta pero ilustre carrera del piloto británico que destruyó un Zeppelin en el aire por primera vez.
*Sumario de los ataques de Zeppelines*
Londres fue el objetivo principal de los raids de Zeppelines durante la primera guerra mundial y entre 1915 y 1918 no menos de 208 incursiones aéreas fueron llevadas a cabo totalizando 5907 bombas arrojadas, 528 muertos (la mayoría civiles) y más de 1000 heridos. El punto más alto de la amenaza Zeppelin fue durante 1915 y 1916, durante ésos dos años 168 ataques se llevaron a cabo contra la Gran Bretaña matando a 115 personas e hiriendo a 324 en Londres. En el resto de Inglaterra 361 personas murieron y 692 heridas. En 1917 y 1918 la amenaza aérea prácticamente terminó, sólo 31 misiones se llevaron a cabo en 1917 y 10 en el último año de la guerra. La explicación es que Gran Bretaña había mejorado su artillería antiaérea, luces de búsqueda y su sistema de alarma. Un tema de interés fue que muchos de los observadores en tierra empleados a lo largos de la costa Británica para detectar la llegada de los atacantes eran gente ciega, seleccionados por la agudeza de su oído. Fue probablemente la tarea más gratificante que se le había dado a éstas personas.
*1916*
El 23 de septiembre de 1916, once naves (incluyendo tres nuevos súper Zeppelines) abandonaron sus hangares en Bélgica y se enfilaron a la costa de Essex. Cerca de la medianoche el L.33 estaba cerca del este de Londres y había arrojado 20 bombas. Ésta vez, sin embargo, la defensa reaccionó casi inmediatamente y el L.33 fue atrapado en un cono de luces de búsqueda y fuego antiaéreo. Uno de sus motores fue dañado y comenzó a volar muy erráticamente; para ayudar en su miseria el Teniente A.G. Brandon lo acosó por veinte minutos con fuego de ametralladora. Mientras se arrastraba por regresar al Mar del Norte, la tripulación arrojó todo por la borda, pero nunca alcanzó la costa Belga y se perdió en el mar.
El famoso comandante Mathy, a bordo del L.31 en compañía del L.32 cruzaron el canal inglés hacia Kent. Mathy arrojó sus bombas en el norte de Londres y escapó. El L.32, sin embargo, no tuvo tanta suerte y perdió tiempo rodeando y cruzando el Támesis en Dartford. Ahí fue apuntado por las luces de búsqueda, el Teniente Frederick Sowrey le atacó con fuego de ametralladoras y le derribó cerca de la villa de Billericay. Fue premiado con la Orden del Servicio Distinguido.
El capitán Mathy vivió una vida encantadora. Parecía ser a prueba de balas y noche tras noche, si el clima lo permitía, invadiría Inglaterra desde una dirección u otra. No siempre volaba para arrojar bombas, a veces sólo llevaba a cabo importantes reconocimientos. Uno nunca sabía si llegaría a Londres desde el norte industrial ó aparecería repentinamente sobre la isla de Wight y volaría desde el canal inglés.
A bordo del L.31 en la noche del 1º de octubre de 1916, Mathy lideró una formación de once dirigibles dirigiéndose a Londres. Las defensas de tierra estaban listas, tan pronto encendieron los motores, los cañones abrieron fuego y Mathy tuvo que huir, pero desafortunadamente para él, el Teniente W.J. Tempest lo estaba acechando. Atacó con resolución a la góndola central y el L.31 cayó en llamas. Ésta fue la última vez que un dirigible alemán intentó atacar Londres, después de eso los alemanes pusieron su atención en las áreas industriales del norte.
Los últimos ataques llevados a cabo por los Zeppelines fueron realizados en la noche del 12 al 13 de marzo de 1918, pero la planeación fue mala, el ataque se llevó a cabo a gran altura lo que ocasionó que la gasolina en los motores se congelara y los tripulantes sufrieran colapsos por la falta de oxígeno.
El L.70, el último modelo en construcción fue destruido por tropas de tierra al finalizar la guerra.
Al finalizar el conflicto los aparatos restantes fueron divididos entre las naciones victoriosas. El Graf Zeppelin reanudó el servicio de pasajeros en la década de los 20´s y fue embajador de Alemania en el mundo entero al realizar 600 viajes. Su sucesor el Hindenburg, tuvo un extraño final objeto de interminables investigaciones y marcó la culminación de las naves más ligeras que el aire.
Articulo *Los Zeppelines en Guerra 1914-1918*
-De Arch Whitehouse. Traducción de Ignacio Romero.
Con el permiso de la tienda Gunter MIlitaria
http://www.guntherprienmilitaria.com.mx/index.htmlGracias a Ignacio Ricardo Romero.